fotografía de la diseñadora de modas colombiana Lía Samantha
Perfiles y entrevistas,  Talento Latino

Lía Samantha

Lía Samantha es una de esas figuras de la moda colombiana que no pasa desapercibida. Tal vez por su luminosa energía; tal vez por sus únicos, coloridos y eclécticos diseños. Y definitivamente por ser una de las pocas caras que han logrado conquistar un sistema moda que, por lo demás, es bastante blanqueado y europeizado. En esta entrevista, Lía Samantha nos cuenta su camino en el mundo de la moda, nos habla de su inspiración a la hora de diseñar y reflexiona sobre la apropiación cultural y las posibles avenidas para avanzar hacia un sistema moda menos colonial en Latinoamérica.

¿Cómo empezó tu camino en la moda? ¿Cuáles fueron tus mayores influencias y quiénes han sido tus mentores más importantes?

Lo que más influyó en mí es mi papá, que es sastre; el mejor que conozco. Mi abuela es modista, mi mamá también sabe coser, todas mis tías de parte paterna saben coser. Tengo un tío que es abogado, pero si le dices que te haga un pantalón, lo sabe coser. Ahora que me preguntas, yo siempre que hablo del tema me voy directamente a mi papá, pero tengo que hablar de más atrás porque yo no soy la primera diseñadora de mi familia y mi papá tampoco lo es. Mi abuela paterna me dice que cuando falleció su papá (o sea mi bisabuelo), mi bisabuela quedó viuda con seis hijos que cuidar. Al hijo mayor, en ese caso mi tía abuela Nina, le correspondía cuidar a los hijos menores. Y en medio de la crianza les enseñó a coser a sus hermanos menores. Entre ellos estaba mi abuela, quien le enseñó a coser a mi papá. Yo lo aprendí de mi papá y ahora mi hija también está teniendo esta inclinación. Pero mira las cosas de la vida: si mi abuelo no fallece tan joven, mi tía abuela no tiene la oportunidad de transmitir ese conocimiento y así no llega a mis manos.

Mi abuela dice que su hermana mayor tenía unos trajes y unos diseños que ella nunca ha visto; que era realmente virtuosa con todo lo que hacía pero que nunca tuvo un lugar para ir a mostrar su creatividad y su talento. Yo creo mucho en que las vidas continúan y en que en las familias todos estamos ligados y yo de alguna manera siento que estoy haciendo lo que ella en su tiempo no pudo hacer. Entonces soy yo la responsable de recoger todo ese legado de mi familia. Y no es sólo coser sino también el arte. Vino primero la música, a los 11 años, antes de que el género urbano estuviera de moda en Colombia. Tenía una manera de vestirme bastante única, que adoptaba algo del hip hop, pero también era femenina. Muy parecido me visto hoy en día, sólo que ahora sí está de moda: cuando me pongo vestido con tenis ya no me veo como una loca, sino que hago parte de la tendencia. ¡Tenían que pasar 20 años para que la manera de vestir que yo he tenido siempre se volviera moda y para verme adecuada dentro de la sociedad!

Fotografía de la diseñadora colombiana Lía Samantha con un vestido estampado de colores
Fotografía cortesía de Lía Samantha

¿Cómo fue tu primera colección? ¿Qué es lo que más recuerdas de ella?

Tengo dos primeras colecciones. La primera se llama “Hija de Zion” y estuvo ligada a una canción dedicada a las mujeres, que lancé con mi banda de reggae en ese momento. La desarrollé cuando tuve la oportunidad de encontrarme por primera vez con las telas africanas en el 2009, en el barrio de los inmigrantes africanos en Toronto mientras estaba de gira con mi banda. Cuando llegué a Colombia, ya me había gastado toda la plata de la gira en las telas entonces hice una colección, tomé fotos y las subí a redes sociales. Usé esas prendas para mis conciertos con la sorpresa de que a todo el mundo le gustó lo que me ponía y me empezaron a escribir preguntándome por mi ropa por redes sociales. A todos les decía que yo lo había hecho y así comencé a venderlo. Entonces puedo decir que esa fue mi primera colección, aunque no tuvo un alcance muy grande: no llegó sino a mis amistades cercanas y de pronto a las amistades de mis amistades.

Luego, en el 2011, viajé a Londres a tener a mi hija —el papá de ella es de allá y quisimos compartir ese momento con la mamá de él— y ahí también me encontré con un barrio de inmigrantes africanos y me compré todas las telas que pude. Cuando llegué a Colombia y con toda la energía lista para hacer algo con mi marca, diseñé una colección con la que me pasó algo muy especial. Puedo decir que es la colección más importante de mi vida.

Hice una serie de faldas, vestidos, camisas, pantalones, prendas intervenidas en denim o en colores sólidos intervenidos con las telas africanas. Lo hice sin ninguna pretensión, más allá de venderle a mis amigas las que ya me compraban. Pero quería hacerlo algo diferente y mostrar que ya la marca se estaba poniendo más seria. Quise hacer fotos en estudio, con fotógrafo profesional; modelo profesional no pude tener, fui yo la cara de la marca, con dos chicas que estaban conmigo en ese momento. Pensé en diseñar mi logo y toda la cosa. La diseñadora gráfica y mi amigo el fotógrafo se demoraron muchísimo y se retrasó todo. Pero ahí me llegó una sorpresa del universo. Yo creo mucho en la magia y en que nuestro corazón le habla al universo y el universo sí responde. Recuerdo que en esos días tuve una entrevista y le pregunté a la periodista que ella qué tan conectada estaba con la moda porque yo quería ir a Colombiamoda ese año. Ella me dijo que me metiera a la página de la revista Fucsia. Busqué y el primer requisito era decir de qué escuela me había graduado. Pero yo en quinto semestre decidí seguir trabajando en la música y en la marca porque económicamente no me daba para continuar en la universidad. No es por dármelas de víctima, pero es una realidad. Y yo decidí trabajar en la misma marca que tengo hoy en día. Entonces dije: “no pues ni modo de aplicar”. Pensé que no iba a poder ir a Colombiamoda y que mejor sólo publicaba las fotos en Facebook y se las vendía a mis amigas y ya.

Pues resulta que a la semana abro mi Facebook y me encuentro con un mensaje de una chica que se llama Amelia Toro, que trabajaba en Inexmoda y me escribía porque me querían invitar a participar en Colombiamoda 2014. Mira, ¡yo no lo podía creer! Yo leía y releía y sabía que era mi obsesión por ir a Colombiamoda pero pensaba que era otra cosa. Cuando finalmente lo entendí, me puse a llorar. Y efectivamente me escribieron con la invitación. Nadie me pidió mi diploma de grado. Me dijeron que fue su equipo de cazatalentos el que me encontró, expuso mi trabajo y, cuando Inexmoda aceptó, lo pasaron a Caracol para que patrocinara mi pasarela. Lo que faltaba era el pago para las modelos entonces trabajé con una fundación que trabaja con población afro e indígena. Ellos me apoyaron con lo que tenía que pagar y con un plan de medios porque era la primera vez que una diseñadora afro llegaba a la pasarela más importante del país, inspirada en África. Entonces quisieron apoyarme también con la visibilización de la colección.

Yo solamente quería mostrar la dignidad del pueblo afro y cómo nos vestimos y nos adornamos porque considero que lo que han mostrado de la cultura afro en los medios de comunicación no es representativo. Es una falta de respeto la manera como han abordado nuestra cultura de muchas formas. Entonces yo quería mostrarla con dignidad, pero me encontré con la sorpresa de que toda Colombia se identificó con mi colección, incluyendo el Concurso Nacional de la Belleza. Participé en él como diseñadora ese mismo año y vestí a las 27 candidatas, incluyendo a Paulina Vega, que ganó Miss Universo y en su ajuar llevaba algunas de mis prendas. Y a partir de ahí me instalé en la moda colombiana.

Fotografía de la diseñadora colombiana Lía Samantha con un vestido negro
Fotografía cortesía de Lía Samantha

¿En qué te inspiras para tus colecciones? ¿Cuál fue la última y cómo llegaste a ella?

Las comunidades ancestrales siempre serán mi inspiración porque considero que este tipo de humanos tan “civilizados” como somos ahora, no vamos para ningún lado. Nuestros antepasados sí tenían una armonía y una conexión con el universo, lo cual les permitía tener unas condiciones de vida mejores y preservar el planeta. Eso es importante: mantenerlo y poder comunicarlo a través de la moda. Y poder tener una moda consciente, teniendo en cuenta todo lo que contamina.

Cuando yo me encuentro que para nuestros antepasados es el color el que da la elegancia —no el negro— y el que nos ayuda a seducir, veo que es como lo hace la naturaleza. Y esto conecta con nuestros centros energéticos. Igual que la comida. Esto es algo místico, pero es real, aunque no lo vemos. Esa es parte de la sabiduría que he aprendido de las comunidades afro e indígenas que mantienen la tradición del tejido.

¿Qué es lo que más te motiva como diseñadora?

Comunicar la verdad y la sabiduría con las que yo me encontré. Contar que no hay una moda como la que nos han vendido empacada en las revistas y en los televisores; esa moda no es la única manera de ser elegante. Cada quien dentro de su propio universo tiene su moda y existe dentro de su propia energía. Como me dice mi papá: vestirse y hacer ropa es vectorizar la energía de las personas. Y creo plenamente que así es.

¿Cuál es la lección más grande que has aprendido en tu camino como diseñadora?

¡Qué hermosa pregunta, gracias!

La lección más grande que he tenido que aprender es que tengo que ser cada vez mejor persona. Porque cuando estamos creando una nueva colección, yo no miro redes sociales ni análisis de tendencias ni las nuevas colecciones de los grandes diseñadores. Yo miro dentro de mí, me observo a mí, vibro conmigo misma, y ahí solamente queda mi verdad, lo que yo soy, lo que he investigado y lo que he leído. Eso es lo que sale en las colecciones: lo que realmente soy yo. Entonces si soy una mala persona, si soy una persona muy horrible, muy arrogante, con malos sentimientos, pues así va a quedar mi colección. Así de sencillo. Porque yo sí creo que las cosas se parecen a su dueño.

Considero que la moda es arte y a través del arte se cierran las brechas y los problemas que tenemos en la humanidad. A través de la moda estoy trabajando en contra del racismo. Entonces es mi reto más grande: ser mejor persona todos los días para hacer colecciones más hermosas, para tener cosas más bellas que contarles a las personas y hacer que mi investigación sea cada vez más real y que tenga algo bueno que comunicarles a las personas; que no sea simplemente una prenda que se ponen y ya, sino que se llevan una historia para su vida, un cambio real, que no sea simplemente para una temporada.

¿Qué consejo le darías a alguien que está empezando en el mundo de la moda?

Que no mire a nadie, que no se inspire en nadie y que no admire a nadie. Que se admiren a sí mismos, que se escuchen a sí mismos y se inspiren en sí mismos. Que miren las historias de su propia familia. De ahí salen las colecciones reales: de la investigación propia, de adentro, de investigar quién eres, tus raíces, por qué eres como eres. Cerrar las redes sociales, las revistas, Pinterest y escucharnos y pensar, desde el corazón, cómo nos pondríamos nosotros la ropa si no tuviéramos referentes; cómo mezclaríamos los colores, si las tendencias no nos enseñaran cómo se hace. Hay que meterse dentro de uno, escuchar el corazón y conectarse con su propia esencia para diseñar algo que sea auténtico y que no sea la copia de nadie en el mundo.

Es que como tú te pones los jeans y como te quedan a ti no me van a quedar a mí nunca. Por ejemplo, hay algo que me molesta —y perdón decirlo así— pero me incomoda cómo Beyoncé es tendencia mundial y no entiendo qué pretenden todas las demás vistiéndose igual a ella. ¿Por qué? ¡No! Beyoncé se ve como se ve porque es ella, con su historia, su proceso, su propia vida. Pero si yo no soy Beyoncé, ¿por qué me voy a vestir como ella y adoptar su postura en un escenario y ponerme las extensiones y toda la cosa? Es sólo porque es tendencia. Horrible. Cada quién es único y lo que Beyoncé no tiene lo tiene otra persona; todos estamos para complementarnos.

No hay éxito siendo la copia de nadie. Hay que ser uno mismo, desde lo que se hace. Entonces hay que mirarnos a nosotros y no el referente que quisiéramos ser. Y es ahí de donde sale la belleza única y propia que todos envidian. Porque nadie se da el permiso de ser lo que realmente es. Tenemos que darnos el permiso de ser lo que somos y que eso se refleje en todas las áreas de nuestra vida. Inspirarse no significa copiarse de alguien; significa que la luz de alguien brilla tan fuerte, que hace que mi propia luz se ilumine. Pero no para hacer lo que ella hace, sino para yo seguir mi propio camino.

Fotografía de la diseñadora colombiana Lía Samantha
Fotografía cortesía de Lía Samantha

¿Cómo podemos diferenciar entre la inspiración y la apropiación cultural? ¿Cuál es la importancia de trabajar directamente con las comunidades en este proceso?

Hay que investigar y hay que leer. Y no me refiero solamente a Google y a Pinterest. Hay que abordar las comunidades porque, si bien uno no es de un territorio rural y no pertenece a las comunidades, la manera con la que uno debe llegar es con respeto. Entonces hay que abordar a las comunidades y enterarse de cómo viven, qué comen, qué piensan, todo. Y pues hay que tener en cuenta que, en la moda, la cultura, la música y en todo, nada es extranjero: como lo leí en algún lugar, nada es de un lugar específico sino todo tiende a ser de todos, universal. Me parece lindo, pero también tiene unos riesgos. Por ejemplo, la música urbana es de contexto. Nació dentro de un estilo de vida difícil. Por eso es como es. Lo mismo el reggae en Jamaica; la cumbia en Colombia. Entonces teniendo en cuenta esto, yo misma vendo moda con inspiración afro, con telas africanas, pero la población que me compra también es afro-mestiza. Y lo que yo hago es que, cuando las personas me compran, me aseguro de que siempre sepan lo que se están llevando; que entiendan que la tela cuenta una historia. Y muchas veces coincide el significado de la tela con algo que les está pasando en su vida; hay lágrimas y encuentros bien especiales. Creo que mi trabajo no es solamente vender ropa. También conecto mucho con las personas y es algo que me gusta hacer. Hay que explicarles lo que se están llevando porque las prendas tienen una carga cultural, una importancia, y un significado que merece respeto. Pero no puedo decir que solamente por conocer el significado que tiene una prenda ya uno la puede usar y llevarla y comercializarla. No es eso. Me refiero a que hay que tener una responsabilidad con eso.

Algunas veces me ha pasado que cuando he estado con comunidades indígenas y, a pesar de tener conexiones hermosas con ellos, y me muestran sus prendas hermosísimas y se las compro, en el momento de ponérmelas a veces siento que no me las debo poner, que no me pertenece y que debo respetar. Como también hay otro tipo de piezas, sobretodo collares, con las que sí siento un ligue. Tal vez debo aprender más, conocer más para merecer usarlo, no sé. Eso es algo personal.

Pero también en el tema de la inspiración, siempre hay que dar el crédito: la sabiduría viene de ellos y ellos han sido muy generosos en compartirla conmigo para que yo la pueda compartir con la moda. Hay que dar crédito, hay que pagar lo que es justo y no solamente porque son ellos los dueños sino porque para muchos es su único medio de supervivencia. Y si nosotros no les pagamos por lo que hacen, por su oficio, pues muere la tradición. Y si muere la tradición pues no va a haber qué contarles a nuestros nietos.

No se trata de decir “me encontré con esto que es muy bonito que hacen por allá unos indios”, porque así las he escuchado hablar. Hay que abordar la espiritualidad y la sabiduría que ellos nos quieren comunicar a través de ese tejido. Eso es lo que más me duele de la apropiación cultural: que nos apropiamos de algo que se ve llamativo, que se ve lindo, que se ve chévere y folclórico, lo ponemos en tendencia, pero le perdemos todo el respeto en el momento en que no comunicamos todo lo que representa espiritual y culturalmente.

Y, mira, ahora que tocamos ese tema, tengo que decirlo. He conocido muchas marcas racistas dentro de la moda colombiana. Ahora por tendencia sí tienen modelos afro en sus pasarelas, pero son racistas. ¡Es que las he escuchado decir que no quieren negras en su pasarela, que quieren un perfil europeo para su nueva colección! Y ahora por el tema de Black Panther, por Wakanda, por la chica Miss Universo, por todo el movimiento de visibilización de la cultura afro que se está generando, entonces ahora sí. Pero no hay una investigación de nuestra cultura, no hay un amor real, no hay un interés de verdad. Hay un uso: “quiero usar esta modelo negra porque ahora me conviene”. Pero ¿por qué antes no? ¿Por qué sólo ahora que hay una Miss Universo negra? Ahora que nosotras somos visibles por nuestros propios medios, por nuestro propio trabajo y por nuestro propio esfuerzo, ahora sí nos voltean a mirar.

Fotografía de la diseñadora colombiana Lía Samantha con un vestido estampado de colores
Fotografía cortesía de Lía Samantha

¿De qué nos sirve la historia para diseñar y encontrar inspiración creativa para la moda?

El tema del taparrabos no es como no lo cuentan. Hay demasiado en común entre lo indígena y lo afro, por ejemplo. De hecho, la razón por la que yo me he encontrado con las comunidades indígenas, con las que he estado investigando su cosmovisión, su arte, sus colores, es porque me encontré con la gran sorpresa de que muchos de los patrones y los símbolos que están impresos en las telas africanas son los mismos que vemos tejidos en la artesanía colombiana ancestral. Ese ha sido uno de los hallazgos más bellos de toda mi carrera y ahí entendí que todos esos rasgos que se repiten en las comunidades están ligados a la espiritualidad. Entonces, cuando yo me encuentro que esos símbolos están en todo lado y con significados distintos, me dan ganas de llorar. He sentido escalofríos. Ha sido una experiencia bien especial. Y entender que este arte de la geometría sagrada no es solamente africano; es el arte y el lenguaje mediante el cual se comunica el universo; es el movimiento y las formas que da la energía. Y eso es lo que está expresado en la artesanía de distintas partes del mundo.

Cuando yo hablo de la moda, de piezas únicas, irrepetibles y exclusivas, realmente es la artesanía la que está ahí. Porque cada momento de la vida es único y la artesanía sale de esta meditación. En la artesanía hay mucha sabiduría y me molesta que algunas personas piensan que el tema artesanal/cultural/étnico está ligado solamente al color, porque si no hablamos del tema espiritual, no estamos hablando de cultura. De ahí viene todo lo que podemos apreciar y entender. Pero como Occidente nos ha enseñado que la moda está totalmente desligada de nuestra alma y el cuerpo está desligado del espíritu, ahí es cuando cometemos el error de vestirnos porque sí y nuestra ropa deja de vibrar con lo que somos. Tenemos que estar cómodos y conectados con lo que somos para poder vibrar de acuerdo con nuestra energía y no vivir a medias.

Cuando descubrí que para nuestros ancestros vestirse no estaba siempre relacionado con el presumir, aparentar, mostrar una marca, ¡ese fue uno de esos hallazgos lindos! Ellos se vestían con la intención de protegerse de las malas energías, como la rabia, el miedo, la envidia, la codicia… estas energías viajan en línea recta y al encontrarse con patrones ricos y coloridos, se dispersan. Entonces el color no tiene que ver con llamar la atención, sino con espantar las malas energías porque primero va el proteger el alma y después el cuerpo. Cuando yo entiendo que esos patrones y todos esos colores tienen un verdadero significado espiritual y cultural, ahí es donde entiendo su verdadera belleza y que el motivo por el que miramos una mochila o una pieza artesanal mil veces hasta que la compramos es porque ese símbolo está hablándole a nuestro ADN, a la energía de nuestro cuerpo. Y si hablamos de la moda, nosotros diseñamos de acuerdo con las estaciones, que están ligadas con los movimientos de la tierra. Y no hay nada más espiritual que eso. El ser humano tiene un ego gigante y cree que es dueño de la tierra, entonces en la moda tener esa humildad de hacer moda pensando en cómo se siente la tierra es parte de nuestra espiritualidad, por decirlo así. Eso es parte de lo que me he encontrado. Muchas personas piensan que la moda es solamente algo superficial, banal, elitista, muchas veces racista, como lo hemos visto. Pero en mi caso, personalmente, puedo decir que mi espiritualidad y lo que vine a hacer en este mundo lo encontré a través de la moda.

En un mundo tan globalizado como el nuestro, ¿por qué es importante apoyar la producción artesanal y el diseño local?

Porque eso es lo que somos. Lo que vemos es el resultado de lo que ya fuimos. Entonces si no hay historia, si no hay recorrido, si no hay entendimiento del proceso, si no hay qué contarle a nuestros hijos y nietos, si no hay tradición, no hay memoria. No hay nada. No hemos hecho nada, realmente.

Y por preservar el medio ambiente. Si mantenemos la tradición de nuestros antepasados, que estaba basada en cuidar la tierra y consumir solamente lo necesario, sin explotar desde la codicia, nos cuidamos de romper los vínculos del ser humano con el universo. Hay que dejar de ver la moda como algo superficial y empezar a verla como algo que también comunica. Por ejemplo, en segundo semestre de diseño de modas, en la tarea de historia del traje que nos dejó el profesor, me encontré con que la moda no es sino el reflejo de la sociedad. Y ahí entendí que no es superficial. Que es la consecuencia de lo que somos. Entendí por qué nos vestimos como nos vestimos, por qué particularmente me visto como me visto, por qué me pongo tantos accesorios. Es lindo entenderlo desde la moda, que es algo tan cotidiano y a lo que la gente puede acceder más fácilmente, sobretodo hoy que la moda es más económica. Entonces es bueno poder comunicar algo positivo a través de la moda.

¿Cómo podemos usar la moda para descolonizar Latinoamérica y avanzar hacia la igualdad y la diversidad?

Ese es un tema bien complejo porque, si bien nuestros antepasados se vestían como se vestían, también lo hacían de acuerdo con lugar al que pertenecían. Digamos, a mí me encantaría vestirme como he visto que se visten algunas comunidades de Kenya, pero las condiciones climáticas de Bogotá no me dan para vestirme así. Entonces, ¿qué he hecho yo? Investigar algunas de las prendas que ellos usan para yo usarlas en mi cotidianidad con los jeans, que uso en Bogotá porque hace frío; porque mis dinámicas de trabajo son distintas. Más que descolonizarnos, porque es muy difícil. Mi ropa no es enteramente africana porque tengo jeans y ellos no se los inventaron en África. Entonces no puedo decir que yo estoy descolonizando nada. Pero lo que sí estoy haciendo es tener elementos de nuestras comunidades que tienen un valor cultural y espiritual bien importante y agregándolo a nuestras prendas cotidianas. Es una manera de celebrar nuestra identidad todos los días y de no disfrazarnos cuando hay fiestas nacionales. Hay que celebrarla todos los días y esas piezas que tomamos de nuestros antepasados, que hacían parte de su vestuario, cuando entendemos lo que significan y representan, también nos protegen en estos tiempos, y en la ciudad, de todas las energías raras que nos rodean. Entonces creo que esa es una manera de hacerlo: usarlos con orgullo, y la manera de hacerlo es entendiendo de dónde viene y qué representa.

Laura Beltran-Rubio es historiadora del arte y la moda. Es candidata a Ph.D. en la Universidad de William & Mary (Williamsburg, Virginia) y tiene una maestría en Estudios de Moda de Parsons School of Design en Nueva York. En 2019, diseñó y dictó el primer curso introductorio a los Estudios de Moda en Colombia, ofrecido a través de la Maestría en Diseño de la Universidad de Los Andes en Bogotá. Su investigación ha sido publicada en “Cuaderno”, el “Journal of Dress History” y ”Fashion Theory”.

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