Perfiles y entrevistas,  Talento Latino

Luz Lancheros

Luz Lancheros es uno de esos nombres casi que míticos en el periodismo de moda en Colombia y Latinoamérica. A través de su trabajo, nos ha enseñado a entender la moda como un fenómeno político, social y cultural, más allá del simple reportaje de tendencias. Hace un año, tuve el honor de conocerla personalmente y tenerla como alumna en mi curso de «Estudios de moda: teoría, cultura y sociedad» en la Universidad de Los Andes en Bogotá. Y desde entonces, se ha convertido en una de las más grandes defensoras y promotoras del trabajo que hacemos en Culturas de Moda —tanto así que yo le digo que es nuestra «hada madrina»—. Todavía sueño con que algún día podamos publicar sus palabras e ideas en nuestros ensayos temáticos. Mientras tanto, me complace compartir la entrevista que le hice hace unas semanas. Porque no se puede hablar de «talento latino» sin ella. En esta entrevista, Luz nos cuenta de su trayectoria en el periodismo de moda y nos muestra lo enriquecedor que es mirarla desde otro ángulo.

¿Cómo empezó tu camino en el periodismo de moda y cómo llegaste hasta donde estás hoy?

Yo creo que hasta ahora se está abriendo un espacio en el periodismo de moda en el país. Como todos los que me han antecedido, esto no me lo enseñó nadie. Me tocó empezar a colonizarlo sola desde la universidad porque en la Javeriana [donde estudié] tienes periodismo internacional, político, económico y cultural. Pero la moda no está dentro de lo cultural, lo que es un gran problema. Y todavía los grandes “dinosaurios” del periodismo, que manejan premios y todo esto, creen que el periodismo de moda no es algo cultural. Y pues hasta ahora como que se está abriendo el espacio. Entonces a mí me tocó sola.

Lo que yo hice fue ver desde teorías de la comunicación y la representación y aplicar todo eso a la moda. Fue muy rudimentario. En la Javeriana había una materia que se llamaba “el secreto de la moda” y ahí desarrollé mi tesis, que fue sobre tipos y estereotipos colombianos en la moda. Y leí todo lo que se me cruzaba por el frente. Ya después me eligieron como practicante en “Vida de hoy” y “Carrusel” en El Tiempo. Yo era más de Vida de hoy pero también podía escribir para Carrusel porque son manejados por la misma persona, que es Adriana Garzón. Y comencé sola. Había un blog chileno, “Viste la calle”, que en ese momento tenía una sección llamada moda y sociedad. A mí me gustaban los artículos que hacían porque no eran del tipo de “Versace sacó esto para la temporada y aquí hay unas fotos bonitas” y ya; a mí no me gustaba eso. A mí me gustaba cuando hablaban de moda y religión, de moda y política; ya tenía el antecedente de Angélica Gallón con la tesis, pero ella había insistido en que la importancia de la moda en la sociedad y yo quería hablarlo desde temas más específicos. Entonces comencé como practicante. Fui la primera persona en Carrusel que escribió sobre blogueras de talla grande en Colombia, en el 2011, en un artículo que me acuerdo que se llamaba “Las fatshionistas”. Ahí conocí a Laura Agudelo, que fue la primera de todas ellas. Y hablé también con algunas blogueras gringas e inglesas y ahí comencé a hacer periodismo así.

Después me topé con Catherine Villota de Fashion Radicals, que fue la primera que me dio la oportunidad. Ahí comencé a desarrollar más esos temas de moda y sociedad, pero muy rudimentariamente. Usé lo que yo sabía de Bourdieu, de Foucault y todo lo que habíamos estudiado en teoría de la comunicación y representación y los primeros semestres, para desarrollarlo en moda. Y leía todo lo que me encontraba para poder escribir en este blog de Fashion Radicals.

Casi todo lo que se escribía en esa época sobre moda era del tipo “ponte guapa” y yo soy la menos indicada para eso: me parecía súper aburrido y yo no tenía bases porque vengo de clase media, de mamá con jean levantacola, básicamente. Entonces fue por eso que pensé que había que hacerlo desde un ángulo distinto y comencé a explorar esos otros temas. Mi primer tema fue sobre el cuerpo de curvas y la colonización sobre el cuerpo, hablando del documental que Vice hizo en ese momento cuando fue a Colombiamoda y dijo que la moda en Colombia es un asco. Ahí comencé a explorar esos temas hasta 2016. 

Después tuve trabajos varios, hasta que llegué a Publimetro como una periodista humilde, una pequeña abeja obrera de entretenimiento. Ahí empecé a colonizar yo solita el espacio de moda. Comencé como periodista de entretenimiento porque cuando eres recién egresada no tienes muchas opciones. Empecé en un portal de farándula que en ese momento se llamaba “La fiscalía” y yo era como una especie de Joan Rivers ahí. Ese trabajo le gustó a la gente de Publimetro, que necesitaban un periodista de televisión para su web y en ese momento éramos 4 personas. Entonces a cambio de hacer todos esos artículos tipo “expectativa vs. realidad”, “50 cosas que te pasan cuando vas a hacer una cosa de Pinterest”, todos esos artículos y de Pirry, de la telenovela, del corte de la famosa y todo ese tipo de basura viral que subía los números, por el otro lado estaba haciendo un periodismo serio. Mi primer jefe me dijo: “usted es como los miles de compañeros desempleados de este país o nos sube el gráfico y a cambio puede hacer lo que se le dé la gana”. Y así comencé.

En ese momento los dueños de Metro World News, un periódico fundado como en el 2001, eran suecos y tenían como periodista de moda a Kenya Hunt, que ahora está en Grazia UK. A mí me gustaba lo que hacía en una sección que se llamaba ModMods y quería ser como ella. Pero largo es el camino, duro es el camino.

En el 2013 empecé a hacer artículos de moda y economía, de por qué la moda de Fast Fashion es tan cara, todo eso. Comencé a hacerlo de a poquitos. Ese mismo año conocí a Valerie Steele en Ixel Moda, conocí a Tanya Meléndez; fue una de mis primeras grandes entrevistas. A Carolina Herrera y a la hija, a Esteban Cortázar… y ya después salió la convocatoria para México, que era con una agencia de noticias latinoamericanas. Yo pensé que allá podría hacer lo mismo que estaba haciendo en Colombia. Como en todos los empleos de periodismo, sobretodo en los medios, había que barrer, trapear, ser la secretaria del jefe, editar, hacer notas virales… pero también podía hacer lo que yo quisiera. Y allá en México había más oportunidades para escribir esas cosas. Entonces cuando fue Patricia Field, la entrevisté; cuando Tess Holliday no era tan famosa, la entrevisté. Y así comencé a hacer pinitos. Y todo lo que se me cruzara en el camino, lo iba leyendo. Yo siento que cuando uno es autodidacta, uno nunca termina de aprender. Y pues ya seguí haciendo artículos y artículos y la producción encargada de Metro World News en esa época era muy europea entonces le dije a mi jefe que hiciéramos algo de moda latina porque esto se estaba despertando. Yo ya había entrevistado a mucha gente también, incluida Patricia Soley, y la ponía con mis inquietudes en el blog de Fashion Radicals. Incluso entrevisté a una muchacha que se fue a los Grammy y que me contactó su agente. Yo siempre buscaba historias por aparte, siempre hacía más de lo que me pedían. 

Finalmente llegó 2016 y me dijeron que me quedaba con el puesto de Metro World News. Y ahí seguí haciendo historias basadas en moda y en política. Mi primer artículo, me acuerdo muy bien, fue cuando estaba El Chapo con la camiseta y la camiseta se vendió muy bien y ahí hice un artículo súper grande que hasta salió en Metro Estados Unidos, sobre moda y Narco: hablamos de todas las implicaciones patriarcales y violentas, hablamos del jean levantacola, hablamos de la serie de Manuela Henao, que hizo unas fotografías de la narcoestética, hablamos de la misma narcoestética, de las marcas narco. También un poquito de moda musulmana y africana… esos fueron mis primeros artículos. Y ya después entrevistas con Ari Seth Cohen, Lyn Slater y de ahí pa’delante como un chorrero. Y también con el FIT y sus varias exposiciones: he entrevistado como en cuatro ocasiones a los curadores (por ejemplo, «Fashion Unraveled», «Power Mode» y «Force of Nature»). Y ya. Todo lo que cubriera la moda pero más allá del blog y del ángulo “bloguera cool” porque eso nunca me gustó. A mí me gustaban las historias alternativas porque yo también era muy así. Para mí no tenía sentido retratar lo que retrataban otros medios. Y aquí van 4 años ya en estas, hasta que me devolví en 2017 a Colombia y aquí estamos.

Tu camino desde el periodismo refleja el camino que han hecho, por ejemplo, muchos académicos que hoy conocemos como los pioneros de los estudios de moda, pero que originalmente fueron entrenados en otras disciplinas, como antropología, sociología, estudios culturales… ellos también empezaron aplicando sus propias teorías a lo que es la moda y así fue que surgieron los estudios de moda. Entonces ese ejercicio que tú haces es esa misma labor pionera del periodismo de moda más riguroso en nuestra región.

Es que la idea era esa. Con todo respeto a mis antecesoras, siempre veíamos que el periodismo de moda que se hacía en las grandes publicaciones sobre los vestidos que se deben usar o sobre quién es la bloguera de moda. Pero eso no le llega a la gente. Yo no sé si es porque yo siempre he tenido jefes hombres. Mi jefe es un periodista hombre chileno, cis-género, heterosexual —todos han sido así por ese corte— y ellos son los que me aterrizan. A mí me dicen: “¿A mí qué carajos me importa leer o ver una historia sobre un vestido que mi mujer no se va a poder poner? A mí hábleme más bien de por qué no le puedo decir a Kim Kardashian que es una vulgar.” Y cuando yo le doy las razones y le digo que deje de ser machista, ahí es cuando aceptan la historia y me presionan a que eso sea lo que cuente. La historia que que yo debo contar tiene que entenderla quien la lee en el Metro de Moscú hasta la señora que está haciendo los chilaquiles en México. Entonces la tengo que aterrizar. Y eso me ha ayudado a entender mucho que esto [la moda] no es sólo lo suntuoso, aunque hay muchas revistas que venden eso, sino que hay historias que pueden acercar a muchísima gente a la moda: desde lo político, las periferias, etc.

Una de las historias de las que más me siento orgullosa es la de los muchachos de Mr. Erbil, que en pleno conflicto con el ISIS y la guerra de Irak, ellos se vestían de Dandis para mostrar que la moda los ayudaba a ser libres. O por ejemplo los cubanos también: se hacen llegar ropa de fast fashion porque para ellos es expresión de individualidad. Para mí es como estar en esas pequeñas historias y en las periferias. Porque ya hay muchísimo cubrimiento para los desfiles y las presentaciones de Marc Jacobs y Alessandro Michele y las palabras poéticas… y eso no interesa cuando hay una persona que, inspirada en ellos o en otras cosas, ve la moda de otra manera. Y esas son las historias que a mí me gusta buscar. Siempre lo he hecho de esa manera y me parece que la moda se debe ver como transformador de la sociedad, como expresión y política, como expresión individual. Porque no es lo mismo la persona que puede comprar un Gucci que una persona que compra una réplica y se la muestra a sus amigas en un barrio periférico. Esos significados son los que a mí más me atraen. Porque es lo más cercano no tanto a mi realidad como a todas esas realidades que me han rodeado toda la vida y que he visto a través de mi trasegar en mi camino periodístico.

¿Has tenido algún mentor en este camino? ¿Cuáles han sido tus más grandes influencias?

Yo creo que cuando comencé con esto, Eugenia de la Torriente, que ahora es directora de Vogue España, hacía un periodismo muy económico y político en El País y comenzó a marcar el camino para mí. También comencé a leer a Vanessa Friedman, a Robin Givhan, a los que escribían en el blog chileno que ya mencioné y pensé que yo quería hacer eso también. Me parece importante que sea serio. Cuando comenzó a haber voces en periodismo y en crítica de moda, empecé a seguirlas para bien y para mal. Pero también quise marcar mi propio camino. Porque esas voces de crítica de moda se enfocaban más que todo en que éramos un país de mal gusto y que aquí no existía la clase y que nadie se vestía bien. Y yo me di cuenta que yo vengo de ese mal gusto porque soy de clase media. Mi mamá me decía que la ropa de Zara es de viejita porque, si uno no muestra la cola, eso es que el vestido no le sirvió. Entonces yo pensé que podía marcar ese periodismo desde mis orígenes, sobretodo en Colombia, en vez de dedicarme a hablar solamente de Chanel y París. Y si están diciéndome que soy de mal gusto, pues seamos de mal gusto y qué carajos. Entonces ahí comencé a hablar de la moda masiva en Colombia, con la gente del Gran San, a hablar del jean levantacola, de por qué la gente tiene tantos prejuicios hacia otras estéticas… y entre 2013 y 2015 empecé yo a marcar esos derroteros y a tener en cuenta la moda masiva, cosa que muy poca gente había hecho hasta ese momento en el país. Ya después se comenzó a tomar en serio el tema pero siempre combatí contra ese clasismo absurdo; incluso en el Gran San tuvimos un conversatorio y la gente me decía que yo les quería imponer la narco-moda. Y yo no estoy para decirle a la gente cómo vestirse. Solamente estoy diciendo que esa estética existe y que no podemos menospreciarla con categorías morales. Digamos que ahí comprendí que ese clasismo sí seguía enquistado y comencé a defender más fuertemente todas esas estéticas y expresiones.

Y ya cuando uno va por ejemplo a México y ve toda la cultura del counterfeit (la imitación) y todo lo que tienen, se ve mucho mejor. La comprensión del periodismo de moda en Latinoamérica es muy limitada. No solamente es ver la “high street” ni vender la cartera artesanal de $500.000 (colombianos, alrededor de 140 USD) diseñada para el turista blanco, sino también ver que hay muchas cosas que se están ignorando. Y ahí empecé a ver una línea clara en cuanto a periodismo de moda versión latinoamericana y colombiana.

¿Cuáles han sido los mayores retos en tu camino en el periodismo?

Enfocarme en esta otra cara de la moda ha sido uno de los grandes retos y he recibido bastantes ataques por eso. Incluso en el 2018, cuando enfrenté a una de estas mujeres, modelos veteranas, porque se quejó de que traían reggaetoneros a Colombiamoda, recibí ataques por mi físico y ataques por todo lado. Porque aquí todavía creen que la moda tiene que ser para unos pocos; creen que cuando uno habla de otras clases sociales es paternalista o que uno tiene que “juntarse con ellos”. Y es porque les da rabia; están en una posición muy cómoda. Yo quise romper con todo eso. Cuando presenté una ponencia en las V Experiencias Investigativas del Vestir y la Moda de la UPB, en donde estuvo Valerie Steele, dije eso: éste es un país que todavía se niega a ver desde su privilegio y su señorialidad. En este país la visión de moda fue construida desde el centro cachaco de élite y no está viéndose hacia otros lados. Por eso es que tenemos tantos prejuicios y tanta violencia hacia lo distinto/diferente. Entonces entre más me ataquen, más voy a visibilizar toda esa diferencia. Y así lo he hecho.

En medio de toda esta lucha, ¿qué ha sido lo más gratificante?

Ha sido gratificante ver que en los últimos años ya se ha abierto un poco más el espectro estético en cuanto a streetwear y reivindicaciones políticas en cuestiones de género, raza, etc. en la moda en Colombia, por parte de varias personas y sobretodo en lo digital. Hay gente que ya no le come cuento a los “dinosaurios señoriales” de la moda, que te critican con su clasismo y racismo y misoginia; ya hay muchos dispuestos a plantearles la cara y a cuestionarlos; ya no son vacas sagradas. El problema es que estas periodistas todavía creen que siguen teniendo la misma importancia, y de pronto sí lo son por fuera de los medios digitales. Pero las personas más jóvenes y con acceso a estos nuevos medios sí se están informando y están viendo que hay un mundo afuera y eso se ve en su modo de vestir, expresarse, crear contenido para redes sociales. Eso me hace sentir que estoy menos sola; ha salido muchísima gente que está dando sus luchas sociales y, desde mi pequeño espacio, me esfuerzo por visibilizarlos y apoyarlos. Algunos ejemplos son Manifiesta y Putamente Poderosas. Ya no me siento tan sola. Hace 5 años, 3 años inclusive, esto era una pelea donde yo me sentía sola porque éramos pocas las personas luchando contra esa señorialidad. Ahora somos más. Mientras algunos medios de toda la vida siguen dando el cubrimiento tradicional y están cayendo y no entienden que es por eso que se están muriendo, hay otros que sí están despertándose y eso ha sido un avance. También he encontrado en estas personas grandes amigos y una manera distinta de ver la moda y la vida, que es en últimas lo que a mí me interesa. Así como dicen que la cocina es para todos, yo pienso que la moda es para todos.

¿Qué consejo le darías a alguien que está empezando como periodista de moda?

Le diría que no existe un buen y un mal gusto, aunque uno sí tiene sus propios criterios. Hay toda una categoría colonial, histórica, racial, social, para configurar el buen y el mal gusto pero hay que revisar esos términos porque no nos sirven en el periodismo de moda. Aquí estamos hablando del contexto. Y antes de hablar de cualquier tema, producto, estética o imagen, hay que estudiar el contexto. Hay que leer muchísimo todo el tiempo; yo siento que a mí no me alcanzan las horas porque tengo que leer más y más para no estar desinformada. Esto es de aprender poco a poco y es un tema como economía o política y se debe tratar con la misma seriedad; no es sólo decir si algo es feo o es lindo o qué está de moda. Hay que empezar por qué significa estar de moda y reevaluar cada concepto, cada término con el que se presenta una imagen. Y también hay que acercarlo al público. Escribir sobre moda sólo con poesía ya no sirve en un tiempo en que la gente está exigiendo respuestas, está haciéndose preguntas y necesita enunciados rápidos y cuestionamientos rápidos, concisos y certeros.

Y uno como periodista tiene que acercar esos dos mundos. O eso es lo que yo pienso. La gente aquí en Colombia —y seguramente en la mayoría del mundo también— le tiene miedo a esas estéticas que no son muy comunes en su día a día. Y por cuestiones de clase, de plata, de género, es distinto y no llegan a acercarse a la moda por esos temores; hay cierto factor de alejamiento que les hace pensar que la moda no es para ellos. Y a mí me da risa cuando salen hasta memes de alfombras rojas porque así es como la gente está entendiendo la moda y uno tiene que explicarles de dónde sale eso y de dónde vienen los significados y de una forma en que ellos entiendan. Eso es algo que a uno le enseña el periodismo: a quitarse la pretensión. Porque la gente en redes, en su día a día, está entendiendo la moda de la otra manera.

¿Por qué es importante conocer sobre la historia y la teoría de moda? ¿Cómo crees que le puede servir a los diseñadores contemporáneos?

Para crear, uno tiene que saber dónde está parado. La carencia de contexto no solamente te hace hacer el ridículo sino que también te hace perder el contexto histórico de lo que estás haciendo. Puedes llegar a creer que estás innovando cuando en realidad hay décadas de personas que hicieron lo mismo que tú o que siglos antes a alguien más se le haya ocurrido lo mismo. Siento que, cuando vas a hablar de algo o tienes que crear algo, debes saber desde dónde lo estás diciendo porque no es lo mismo ser, digamos, blanco privilegiado y hablar de un tema y que las personas que no son como tú lo reciban, que ser una minoría hablando desde su arista. Hablar de un tema es hablar de representación y la de uno mismo importa. Y los diseñadores deben informarse, sí o sí, porque realmente no hay nada nuevo. Y hay circunstancias y factores en nuestras épocas que exigen más que ser un diseñador creativo inspirado, tipo Karl Lagerfeld o Hugo Lombardi, porque eso ya no existe. Ahora los diseñadores tienen que responder a otras demandas de los consumidores, y eso también incluye políticas de género, raciales, sociales, etc. Y eso lo tienen que entender porque o si no les pasa lo que le pasó, por ejemplo, a Gucci y a todas las marcas y personas que ahorita están siendo guillotinadas en redes sociales, básicamente, por no saber dónde están parados. 

Esta es una conversación que nosotras ya hemos tenido, pero ¿qué piensas sobre la apropiación cultural?

Hombre, siento que es como una especie de continuación del colonialismo pero en términos más glamourizados y estetizados. Una vez tuve una discusión terrible, en la que un politólogo de Los Andes decía que eso no existía. Pero lo voy a poner más desde mi punto de vista: yo bailo danzas árabes desde hace 10 años. ¿Qué pasa cuando tú como bailarina tomas una cultura que se ha creado en Egipto desde hace más de 100–150 años y dices que es tuya y que es algo nuevo? Pues hay mucha gente que se va a ofender porque es la cultura y la historia de ellos y de una comunidad. Estás tomando la forma de ver el mundo de alguien para tu propio beneficio, para mal interpretarla y hacerla objeto de consumo para una población más privilegiada y que ignora todo el trasfondo de lo que estás haciendo. Entonces, por ejemplo, cuando me dicen a mí que la danza árabe es para seducir a un hombre, yo sé que es un sacrilegio porque es un elemento compartido por 22 países árabes muy distintos entre sí, que han construido su identidad a raíz del colonialismo, pero que siguen siendo culturas autónomas y deben seguir siendo entendidas desde sus propios parámetros. Hay gente que dice que tiene que ser libre de tomar lo que quiera de todas las culturas. Pero no es así, especialmente en el caso de culturas que han sido oprimidas y colonizadas y que están tratando de reivindicar y contar su propia historia y no los estamos dejando por creer que, al exotizarlos o unirlos a nuestras causas y saberes, les estamos haciendo un favor.

Otro ejemplo es la apropiación de las imágenes de las cholas por personajes como Gwen Stefani y Selena Gómez. Nosotros tenemos nuestra propia cultura como para que lleguen estas blancas y la vendan, hagan marca con ella y la exoticen diciendo que es súper cool, sabiendo que es nuestra forma de identificarnos. ¿Ahí a qué estamos jugando?

Yo creo que siempre hay que pedir permiso. Apreciar es pedir permiso, trabajar al lado de la comunidad y empoderarla para que ella misma cuente su historia y no sea sobre la historia del que lo apropia. Y ese es el cambio que le debemos dar al capitalismo, porque últimamente hemos visto que a todas estas culturas se las apropia lo blanco, el establecimiento, pero se adapta al gusto blanco para venderlo. La pregunta es ¿por qué no tenemos diseñadores indígenas? ¿Por qué no usamos las colaboraciones con artesanos para elegir a 6 o 7 muchachos talentosos que sepan y puedan, desde la artesanía de sus culturas, convertirse en diseñadores? ¿Por qué no dejamos que pase eso con todos los recursos que tenemos? ¿Por qué no se puede contar otra historia desde los saberes, no para el gusto blanco, sino para saber en qué se puede transformar? Es un debate que tiene muchas aristas pero yo por lo menos pienso que es necesario respetar y que la exotización sí nos ha hecho muchísimo daño, todavía nos hace daño, así creamos que estamos lejos de ello. Por ejemplo aquí en Colombia, cuando las mujeres no son blancas nos exotizan y sexualizan, así no nos demos cuenta.

¿Cómo podemos usar la moda para descolonizar Latinoamérica y avanzar hacia la igualdad y la diversidad?

Tenemos que dejar de darle tanta atención a los mismos blancos vestidos de boleros de siempre. (Sin ofender pero es el traje habitual de la gente blanca y rica de siempre.) Ellos han tenido atención durante décadas. Siempre que hay un evento de moda o cualquier cosa similar, ellos son los que tienen la atención: los blancos, los ricos, los privilegiados. ¿Por qué no podemos mirar otras historias y otros creadores? ¿Por qué no darles voz y espacio para que muestren sus cosas desde periferias, desde centros de conflicto, desde la colaboración social? Para mí eso es lo más importante. ¿Por qué no estudiar los modos de consumismo que no están en las periferias? O estudiar la evolución de las fiestas de 15 años, los K-popers mexicanos, el counterfeit y todas esas expresiones en distintos países. Es hora de hablar de eso pero todavía hay pocas publicaciones que lo están haciendo y es muy chiquito todavía. Pero eso tiene que llegar a los medios tradicionales y con eso no me refiero a poner a Yalitza Aparicio en una portada para que por dentro te vendan a la blanca con el bolsillo de Saks Fifth Ave en Polanco. En ese sentido hay que tener coherencia también. Porque hablamos de “social washing” y Yalitza Aparicio y las oaxaqueñas y ponemos a la modelo negra en portada… todo eso muy bonito pero a través de las imágenes, editoriales, la publicidad y los artículos solamente nos enfocamos en la gente blanca, rica y privilegiada y no llegamos a todos aquellos que viven la moda desde su propio origen y esa es la moda que hay que contar.

Hay una YouTuber en México que se llama Marisol Domínguez (aimep3) y se hizo viral porque la atacaron por “gorda” y “fea”. Es una mujer de talla grande, que está en uno de los barrios periféricos de Ciudad de México y resulta que, por no ser ni racialmente atractiva por los estándares coloniales latinoamericanos ni tener una talla “correcta”, recibió ataques y apareció en páginas de memes. Muchos le dicen la YouTuber de los pobres aunque tiene muchísimos seguidores. Pero yo pensaba: ¿qué tal que ella no hubiera sido ni morena ni hubiera nacido en ese barrio sino en Condesa o en Polanco, por ejemplo? Aun si hubiera sido de talla grande, hubiera sido más aceptada y menos atacada en redes sociales de lo que es actualmente; no recibiría este bullying constante. Es horrible porque al menos en EE.UU. estamos viendo que esa belleza puede llegar a ganar terreno frente a las marcas grandes porque es la manera de verse de mucha gente. Pero aquí en Latinoamérica falta muchísimo para poder llegar a eso porque seguimos pensando que, para ser bella, la gente tiene que blanquearse y adaptarse a algunos estándares específicos para poder ser conocida como diferente. Yo adoro a mis amigas talla grande de toda Latinoamérica y Colombia pero pienso que la tendrían muchísimo más difícil si se vieran como esta señora de México. Ellas lograron tener su espacio de seguidores y han recibido también ataques y odio, pero si fueran como esta mujer no tendrían ni la más mínima posibilidad de interactuar con una marca ni de salir en televisión. Mientras tanto, Marisol termina siendo reducida a una historieta caricaturesca de estereotípica latina y nada más. Si hubiera sido blanca, las cosas hubieran sido muy distintas para ella. Entonces mi análisis es que incluso las mujeres de talla grande tenemos que aparecer de cierta manera frente a un público que no está acostumbrado a vernos ni a reconocernos. Lo afro y el género también están permeados por esto y hay elementos de clasismo y racismo que nos puede llegar a costar 50 años superar. Porque tú puedes llegar a tolerar que un cantante como Pablo Alborán, rubio y español, sea homosexual, pero te vas a burlar del cantante de Tepito que está cantando vestido de Úrsula en un techo. Yo creo que ahí lo digital también ha sido muy importante para reivindicar todos estos modos de ser. Por ejemplo, las Inventadas de Ciudad de México es una cuenta fantástica que retrata todas estas personas LGBT de las periferias y toda la gente que, desde su propio terreno, nos dice quienes son. Y eso me parece muy importante porque al fin y al cabo la moda es también revisar los modos de ser a través de la apariencia, el atuendo y todo lo que lo compone.

Laura Beltran-Rubio es historiadora del arte y la moda. Es candidata a Ph.D. en la Universidad de William & Mary (Williamsburg, Virginia) y tiene una maestría en Estudios de Moda de Parsons School of Design en Nueva York. En 2019, diseñó y dictó el primer curso introductorio a los Estudios de Moda en Colombia, ofrecido a través de la Maestría en Diseño de la Universidad de Los Andes en Bogotá. Su investigación ha sido publicada en “Cuaderno”, el “Journal of Dress History” y ”Fashion Theory”.

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