Flyer del simposio "Traje: Maya Textile Artistry" organizado por la Costume Society of America, con una imagen de una mujer maya vestida con su traje tradicional
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Reporte: “Traje: Maya Textile Artistry”. Simposio virtual de la región sudeste de la CSA, 6 y 7 de noviembre de 2020

El mes pasado se llevó a cabo el simposio anual de la región sudeste de la Costume Society of America (CSA), bajo el tema de “Traje: Maya Textile Artistry” [Traje: Artes textiles mayas]. El simposio fue organizado alrededor de la exposición del mismo nombre, curada por Jenna Kuttruff, para celebrar la adquisición de la extensa colección de textiles de Travis F. Doering y la expansión de la galería del Museo del Traje de la Universidad Estatal de Louisiana en Baton Rouge. Aunque el tema del simposio ciertamente refleja el reciente impulso de expandir las fronteras de la historia del traje por fuera de sus centros europeo y norteamericano, todavía hay muchísimo por hacer para descolonizar la historia y los estudios de la moda.

Aquí debo decir que para mí es tremendamente difícil escribir este reporte porque no sólo soy miembro de la CSA, sino que también fui parte del simposio y ahora soy miembro de la junta regional. En los últimos años, he visto con muchísimo agrado la importancia que se le está dando a la expansión de la historia del traje por fuera del canon eurocéntrico y norteamericano en la organización: mi trabajo es siempre muy bien recibido y celebrado por quienes hacen parte de la Sociedad y siempre recibo preguntas y comentarios bien considerados y que me ayudan a pensar. Pero, si hay algo que me quedó claro de este simposio, es que el terreno que nos falta por recorrer es enorme y que todavía nos queda un largo y arduo camino para lograr un cambio significativo, que nos ayude a reconocer las culturas textiles y de la moda “por fuera” de “occidente” y desde una perspectiva que no siga perpetuando nuestra otredad.

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Para iniciar el simposio, Jenna Kuttruff, presentó la exposición que dio origen al mismo en una ponencia titulada “‘Trajé, Maya Textile Artistry’, an Exhibition Still in Progress Thanks to Covid-19” [‘Trajé: artes textiles mayas’, una exposición en progreso gracias al Covid-19]. En algún momento entre la convocatoria y el simposio, el “Trajé” adquirió su tilde —un error que me pregunto si tiene algo que ver con hacer ver la palabra “más latina”, sobretodo porque hubiera podido verificarse con una consulta básica en algún diccionario de traducción o en internet—. Debido a la coyuntura actual, la exposición no se ha inaugurado y su presentación se dio de forma virtual, por lo que resulta difícil comentar sobre ella. De acuerdo con la ponencia de Kuttruff, la exposición consta de dos partes: una que exalta la colección de textiles y prendas mayas proveniente de Travis F. Doering, y la otra con una serie de diseños convocados por la Universidad. Estos diseños originales, propuestos por diseñadores específicamente para la exposición, debían estar “inspirados en las artes vestimentarias” de la cultura maya. Sin embargo, no queda claro cómo se aborda el delicado tema de la apropiación cultural —algo casi que inevitable en este caso, sobre todo si se tiene en cuenta que la gran mayoría de diseñadores en Norteamérica no se identifican como mayas ni entienden muchos de los elementos de esta cultura para utilizarlos en sus creaciones—.

Al término de la presentación de la exposición, el Dr. Travis F. Doering habló sobre su colección de tejidos maya, en una ponencia titulada “Woven Voices: A Journey into Maya Textiles and Cultural Heritage” [Voces entramadas: un viaje a los tejidos mayas y el patrimonio cultural]. Aunque es antropólogo y arqueólogo, el Dr. Doering aseguró desde el comienzo de su intervención que no es historiador del traje ni de los textiles. Sin embargo, su conocimiento de las tradiciones textiles maya y la cantidad de años que ha dedicado a su estudio detallado es admirable. Doering ha llegado al punto de reconocer distintos tipos de costuras, los significados de los motivos y hasta las conexiones entre costura, color y patrón con distintas culturas y lugares geográficos —una tarea que pocas personas latinoamericanas nos hemos tomado el deber de hacer—. Aunque bien intencionado, no podemos pasar por alto que Doering es, en medio de todo, un hombre blanco norteamericano que viaja a Guatemala para comisionar textiles con la responsabilidad de ayudar a mantener esta tradición cultural. En este sentido, podría decirse que, tal vez de forma involuntaria, Doering no se salva de caer en la trampa del complejo de salvador blanco. Pero tampoco podemos ignorar el respeto con el que Doering habló de las culturas maya y sus tradiciones textiles a lo largo de su ponencia y con el que introdujo a varias de las tejedoras que ha conocido a lo largo de sus viajes a Centroamérica, llamándolas a todas por sus nombres y comentando con admiración sobre sus talentos. Con este mismo respeto, Doering concluyó: “I see the weaving traditions not only continuing but improving” [veo las tradiciones del tejido no simplemente continuando en el tiempo, sino mejorando], a medida que las tejedoras las refinan cada vez más.

A continuación, se llevó a cabo el primer panel académico del simposio, en el que se presentaron tres investigaciones relacionadas con el vestido indígena en Centro y Sudamérica. Regan de Loggans, quien se identifica como Mississippi Choctaw y K’iche’ Maya y es miembro del Indigenous Kinship Collective, presentó “In Our Own Hands: Mayan Textile Appropriated in Western Fashion” [En nuestras propias manos: la apropiación del tejido maya en la moda occidental]. De Loggans inició la sesión con una nota tremendamente poderosa que, además de denunciar a casas de diseño de la talla de BCBG Max Azria por apropiarse descaradamente del huipil y una variedad motivos provenientes de los textiles maya, también llamó la atención sobre la relación intrínseca entre el coleccionismo de tejidos maya, el turismo y las ideas del “salvador blanco”. Aunque muchas veces pensamos que al comprar estas piezas textiles estamos ayudando al sostenimiento de culturas longevas y con mucho valor, de Loggans nos recuerda que los lugares que visitamos como turistas muchas veces están fundamentados en el robo de tierras ancestrales de grupos culturales que han sido oprimidos durante siglos. Es por esto que de Loggans terminó con un llamado a rechazar activamente la explotación para el turismo de terrenos que históricamente le pertenecen a las personas maya y a contribuir a la continuidad cultural a partir de acciones que van más allá de la compra de productos para el sistema opresivo capitalista.

La siguiente ponencia fue mucho más técnica. En ella, Margaret T. Ordoñez habló sobre su investigación arqueológica de tejidos maya de la nobleza en excavaciones del periodo clásico temprano. A partir de una serie de fragmentos textiles excavados en Copán, Honduras, y El Diablo, Guatemala, Ordoñez mostró evidencia sobre la intrincada construcción de los textiles maya antiguos. Ésta refleja tecnologías avanzadas que hacían uso de fibras de algodón, líber, hojas y corteza de árbol. Finalmente, yo presenté un fragmento de mi investigación doctoral, explorando la continuidad de significados andinos en la producción textil para la indumentaria colonial en Sudamérica. Esta investigación amerita un ensayo propio cuando esté lista para ver la luz.

Solamente una de las ponencias del segundo día estuvo relacionada con el tema general del simposio; las demás cubrieron una variedad de temas que, aunque interesantísimos, no son relevantes para este reporte. En “Between the Huipil and the T-Shirt: The Importance of Típica Blusas in San Pedro” [Entre el huipil y la camiseta: La importancia de las blusas típicas en San Pedro], Emily J. Oertling presentó un adelanto de su investigación doctoral sobre el uso del vestuario para el sostenimiento de la cultura en la sierra guatemalteca. A través de entrevistas en español con 21 mujeres de la comunidad maya Tz’utujil, Oertling asegura que estas mujeres han dejado de utilizar el huipil —que ella llamó constantemente “huipile” durante su ponencia— para adoptar una “típica blusa” (en palabras de Oertling), menos costosa, más colorida y más cómoda que el huipil. La razón, según Oertling, se encuentra en que las mujeres tz’utujil jóvenes quieren seguir expresando su identidad y hasta riqueza material a través de su forma de vestir, pero también buscan gastar menos dinero y sentirse más cómodas. Aunque los hallazgos presentados por Oertling tienen sentido y reflejan una tendencia más generalizada a lo largo de las Américas de buscar formas más baratas de conseguir prendas “tradicionales”, lo que me preocupa de la investigación es la cantidad de significados e interacciones que quedan perdidas en las múltiples traducciones que se hacen de las entrevistas: primero, porque se conducen en español, y —más peligrosamente— porque Oertling utiliza un software de traducción para pasarlas a inglés y “asegurarse de que haya exactitud”. Así como el “huipile” y la “típica blusa”, ¿cuántos errores más grandes de traducción —y de comprensión— pueden haber impregnado las conclusiones que saca Oertling de esta investigación?

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A pesar de los problemas de traducción y de los vacíos que quedaron del simposio, es necesario resaltar el gran avance que es que cada vez se dediquen más espacios académicos a las culturas vestimentarias que no son consideradas occidentales bajo el canon historiográfico de la moda. También debo decir que estos planteamientos iniciales están todos —incluidos los míos— abiertos para ser cuestionados y, ojalá, para inspirar nuevas investigaciones que puedan construir sobre ellas. Este simposio despertó en mí tantas frustraciones —incluso con mi propia investigación—, que terminó siendo un llamado fuertísimo para seguir avanzando en nuestro estudio de la moda, histórica y contemporánea, en Latinoamérica, desde nuestra región y para nuestra gente. Es también un llamado para buscar formas de impregnar la academia norteamericana y europea, para que nos dejen de ver con esa mirada estereotipada del retraso, lo “tradicional” y aquellas culturas ancestrales, pintorescas y estancadas en el tiempo, que están esperando pasivamente a que vuelva el colonizador a salvarlas.

Laura Beltran-Rubio es historiadora del arte y la moda. Es candidata a Ph.D. en la Universidad de William & Mary (Williamsburg, Virginia) y tiene una maestría en Estudios de Moda de Parsons School of Design en Nueva York. En 2019, diseñó y dictó el primer curso introductorio a los Estudios de Moda en Colombia, ofrecido a través de la Maestría en Diseño de la Universidad de Los Andes en Bogotá. Su investigación ha sido publicada en “Cuaderno”, el “Journal of Dress History” y ”Fashion Theory”.

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