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Yurac Fiedler: Qaytu

Yurac Fiedler, cofundadora de Qaytu, es arquitecta de profesión pero la influencia de la empresa textil de su madre la llevó a involucrarse en la moda. Entre las dos lideran Qaytu, una marca que nació para cambiar las prácticas de la industria de la moda, específicamente la explotación laboral y la violación de derechos humanos. El amor de Yurac por el Perú y su formación como arquitecta se ven reflejados en los diseños de la marca, que resalta por la combinación de colores vibrantes y líneas limpias. En esta entrevista, Yurac comparte con nosotros la filosofía detrás de Qaytu y resalta la importancia del trabajo en equipo para sacar adelante un proyecto como el suyo.

Yurac Fielder, fundadora y diseñadora de Qaytu. Fotografía cortesía de Yurac Fiedler/Qaytu

¿Cómo empezó tu camino en la moda y cómo nació Qaytu?

Empezó cuando tenía 11 o 12 años. Mi mamá tenía una empresa textil que trabajaba con artesanos cuando eso todavía no se hacía; no se hablaba de moda sostenible, de tradición textil peruana — de nada de eso, en realidad. Creo que los momentos que más te influencian en la vida son aquellos en los que no te das cuenta que estás siendo influenciado. Para mí, los viajes al interior del Perú eran regulares, naturales y parte de mi vida. Interactuar con las familias de artesanos, conocer sus historias y pasar tiempo con ellos era normal. Ver a las alpacas, llamas y ovejas también. Entender los procesos de los campos de algodón, teñidos con plantas, eran parte de lo que para mí significaba la industria textil. Cuando terminé de estudiar arquitectura varios años después, me chocó ver la realidad: explotación infantil, abuso de recursos, no hay respeto a los derechos humanos y mil cosas más. Con esa situación en frente decidí involucrarme, creyendo al 100% que la moda sí puede cambiar el mundo. Creyendo que crear conciencia en el consumidor e impulsar la moda sostenible puede tener un impacto monumental en el tiempo en favor de la conservación del planeta. Entonces, a fines del 2017 nace Qaytu, una marca contemporánea de moda sostenible.

¿Tienes algún mentor?

Mi mamá, toda la vida. Su ejemplo de constancia, cuestionamiento y acción impulsaron lo que hago hoy. Nosotras seguimos trabajando juntas y los roles van cambiando. Ahora soy yo quien se hace cargo de las cosas pero sin su guía no sería posible.

¿Cuáles han sido tus mayores influencias?

Siempre estoy en una constante búsqueda personal y profesional. En mi caso, ambas van de la mano. Trabajar en la industria de la moda apostando por la sostenibilidad va más allá de un trabajo: es una forma de vida. No me imagino haciendo otra cosa y es por eso que mis influencias incluyen a mi familia, mi novio, mi perro, mi barrio,  mi ciudad, mi país. También marcas nacionales e internacionales que admiro muchísimo. Y algo que últimamente me atrapa es pensar cómo crecen los árboles, cómo echan raíces y van creciendo, cómo se unen con otros para ser más grandes, cómo fluye el agua, cómo se transforma y se adapta.

¿En qué te inspiras para tus colecciones?

En este momento, Qaytu tiene un equipo de diseño. Siempre nos inspiramos en la naturaleza y en el Perú, en sus colores, formas y texturas. También nos inspiramos en la experiencia de viajar, en el movimiento, en la versatilidad y lo cambiante de la materia. 

Colección Qaytu 2020. Fotografía cortesía de Yurac Fiedler/Qaytu.

¿Cuáles son los mayores retos? ¿Y lo más gratificante?

El mayor reto que hemos tenido en los últimos meses es adaptarnos. Adaptarnos como marca, como equipo y personalmente también. Lo más gratificante ha sido ver lo sólido que somos como equipo. Siempre he pensado que el valor más grande es el humano; el equipo es el alma de cualquier proyecto. En mi caso, tenemos un equipo que vale oro, y esta época de grandes retos ha revelado lo fuerte y poderoso que puede ser.

¿Qué opinas del ritmo del calendario de la moda? ¿Cuántas colecciones haces tú al año? ¿Sería sensato promover una velocidad más lenta para el mundo de la moda?

Qaytu empezó en el 2017, haciendo dos colecciones al año. Para este año teníamos planeado hacer cuatro. Pero ahora, después de muchas conversaciones eternas por Zoom, hemos decidido de manera unánime hacer una colección al año y tener cápsulas especiales para diferentes fechas festivas. Asimismo, queremos trabajar a pedido y hacer piezas personalizadas. 

La moda en su sentido más fundamental es protección y con el tiempo evolucionó a darle soporte a la identidad. La moda es un medio de expresión para decir quién eres sin tener que hablar. Ha llegado el momento en el que tenemos que replantearnos todo; es la oportunidad perfecta para decir “ok, esto no funciona”. Tenemos que bajar las revoluciones, ser más conscientes y más honestos como marcas, diseñadores y como consumidores.

¿Qué piensas sobre la apropiación cultural? ¿Cómo podemos diferenciar entre la inspiración y la apropiación? ¿Cuál es la importancia de trabajar directamente con las comunidades en este proceso?

Una cosa es apropiarse, coger un diseño autóctono de una comunidad, ponerle tu marca y etiqueta y decir que “apoyas a la comunidad X”. Otra muy distinta es co-crear, trabajar de la mano con la comunidad, aportar tu diseño, identidad y combinarlo con su bagaje textil. Nosotros hemos colaborado con comunidades desde que empezamos. Hemos trabajado con distintos tipos de fibras, colores, técnicas de tejido y lo seguimos haciendo enfocándonos en la innovación textil. Trabajamos con telas hechas de fibras recicladas, con redes de pescar en desuso y siempre en colaboración. Cuando co-creas un producto, este tiene una riqueza y una historia que trasciende. Es la mezcla y combinación perfecta de lo que queremos transmitir.

Colección Qaytu 2020. Fotografía cortesía de Yurac Fiedler/Qaytu.

¿Cómo ves la moda de Perú y Latinoamérica en el escenario internacional?

La moda latinoamericana está llamando la atención en todo el mundo. Nuestra historia, tradición textil peruana y nuestra cultura viva son asombrosas. Países vecinos como Colombia tienen una industria de la moda fuertísima y un posicionamiento local increíble. En el Perú estamos en proceso. Internacionalmente somos más conocidos que localmente. Y eso evidencia el desbalance que hay y la gran responsabilidad que tenemos de hacer que eso cambie.

¿Cuál es la lección más importante que has aprendido en tu trayectoria?

El valor humano es lo más importante; la relación con tu equipo, con tus colaboradores y el vínculo que generas es invaluable. Ese vínculo está reforzado por una buena comunicación y honestidad.

¿Qué consejo le darías a alguien que está empezando en el mundo de la moda?

Les diría que tienen que sentirlo en sus corazones y estómagos. Es ese vacío y miedo que genera empezar algo nuevo pero, además, es necesario planearlo con la cabeza. He visto muchos proyectos que son ricos en pasión pero les falta estructura y orden, así como proyectos muy bien organizados pero sin pasión. Creo que es fundamental tener un balance de ambos cuando empiezas en esta industria.

¿De qué sirve la historia para diseñar hoy en día? ¿Cómo se puede transformar el conocimiento de historia en inspiración creativa para la moda?

La historia nos inspira, nos remonta al pasado y nos enseña. Nos enseña sobre cómo usaban ciertas prendas, su significado, qué connotación tenían los colores y las texturas. Como marca, adaptamos todo esto en nuestros diseños. Creo que es fundamental crear haciendo investigaciones sobre lo que se quiere transmitir. Es mágico cuando ves una prenda o te la pruebas y, más allá de que te quede bien, te genera algún tipo de sensación. Y creo que la historia es clave para generarla.

Qaytu leisurewear. Fotografía cortesía de Yurac Fiedler/Qaytu.

¿Cómo podemos usar la moda para descolonizar Latinoamérica y avanzar hacia la igualdad y diversidad?

Por décadas, hemos vivido con la mentalidad de que todo lo que viene de afuera es mejor, pero muchas veces todo lo que viene de afuera es producido por nosotros. Y nadie lo sabe porque nadie lee sus etiquetas. Yo no creo que se trate de descolonizar Latinoamérica. La única forma en la que vamos avanzar hacia la igualdad es siendo conscientes de nuestras acciones. Hay que volver a aprender, para reestructurar nuestra sociedad. 

Nosotros — como marcas, diseñadores, artistas, comunicadores independientes — tenemos la obligación de informar de manera transparente sobre nuestros procesos, nuestra trazabilidad, nuestra inspiración, nuestra cultura, nuestra tradición. En algún momento de nuestra historia perdimos el hilo. Hablando del rubro textil, muchas personas no saben todo lo que implica; qué significa hacer una prenda y por qué la hiciste así. Con información creas conocimiento y ese conocimiento se transforma en acciones que generan cambios.

En un mundo globalizado como el nuestro, ¿por qué es importante apoyar la producción artesanal y el diseño local?

Es clave ser consciente de lo que compras y todo lo que esto implica.  Hemos visto, con esta pandemia, cómo nos hemos visto forzados a volver a consumir de manera local. Somos testigos de cómo los países están apoyando a sus productores y a sus industrias. Para generar desarrollo, igualdad y crecimiento en el tiempo es fundamental visibilizar la cadena de producción. Si la expones correctamente, la gente la conocerá y solo conociendo algo lo puedes llegar a valorar y amar. 

¿Cómo crees que va a cambiar el escenario de la moda con el COVID-19?

Al principio de la pandemia pensé que realmente iba a cambiar, que nos íbamos a dar cuenta de lo obvio. Tenemos que ser más conscientes y coherentes con nuestro consumo y producción como marcas. Sin embargo, a estas alturas, vemos colas para entrar a los centros comerciales y vemos cómo el gobierno prioriza el beneficio de las grandes empresas. La verdad no creo que nada vaya a cambiar inmediatamente. Al final del día, esto se ha tomado como un cambio impuesto y eso genera que no haya consciencia porque no hay voluntad de querer hacerlo.

Qaytu protective wear. Fotografía cortesía de Yurac Fiedler/Qaytu.

Sandra es investigadora de moda y analista de tendencias con estudios de diseño en Mod’Art Perú y el Fashion Institute of Technology en Nueva York. Empezó su carrera trabajando en el área de diseño de casas de moda en Lima y Nueva York, pero su pasión por la investigación la llevó a trabajar en trend forecasting y, eventualmente, a descubrir los estudios de moda. Es graduada de la Maestría en Estudios de Moda de Parsons Paris, donde dicta actualmente clases de historia de la moda.

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