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De lo global a lo nacional: ¿cuál es la historia de la moda hecha en México? 

La moda es cambio, es movimiento y está en constante evolución; no se queda quieta y siempre nos da mucho de qué hablar, pensar, criticar e investigar. Casi a diario vemos titulares de grandes nombres como Chanel, Vogue, New York Fashion Week y demás publicaciones de nivel internacional que nos proveen nuestra dosis diaria de conocimiento de la industria, pero mientras todo eso ocurre, ¿qué sucede en México? y ¿cómo ha sido la moda nacional en estos últimos años? 

Habría que comenzar con responder a la pregunta: ¿cómo definimos la moda nacional? La respuesta se ha materializado en Hecha en México, uno de los pocos libros que hablan exclusivamente de qué ha sido y quienes conforman la moda en México hasta el momento.

Hecha en México: XX años de moda mexicana y la creación de una industria colectiva nació de un esfuerzo conjunto y de una idea compartida. Por un lado, Daniel Herranz, polifacético editor, estilista, periodista y creativo de la moda, tuvo la inquietud de crear un espacio dedicado a la promoción y difusión de la moda nacional. Así surgió el Colectivo Mexicano de Diseño en colaboración con Paola Palazón Seguel, quien tiene una amplia experiencia en el ámbito del periodismo. A ella le debemos la llegada de la guía de entretenimiento y cultura Time Out México, así como la campaña de 2013 del Día Internacional de los Museos en México, que pasó de recibir alrededor de 70 mil personas a, en 2018, contar con la participación de 1,6 millones de asistentes. 

Habiendo definido la moda nacional, podemos empezar a hablar sobre cómo ha evolucionado desde 1999 hasta 2019, con base en los planteamientos de Herranz y Plazón. ¿Qué hace que las dos últimas décadas sean consideradas como una nueva etapa en la moda local?(27)  

De lo global a lo nacional_ Raquel Seoane

Poco antes de 1999 se dieron hechos históricos que marcaron un paso sólido en la industria textil, como el caso de la inversión extranjera que hubo en el país después del Porfiriato. Herranz y Plazón nos cuentan que en 1925 se producían alrededor de 44,000 toneladas de algodón y para 1944 la cifra prácticamente se duplicó. Para los años ochenta, el país contaba con cerca de 2,500 empresas dedicadas a la industria textil. 

Pero, como dicen por ahí, “nada dura para siempre” y esta buena racha no fue la excepción. El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC) llegó a México y la situación de la industria de la moda nacional sufrió bastantes estragos (algunos aún se arrastran hasta hoy en día) y es que, teóricamente a partir de esta decisión política, se generarían un mejor escenario económico para diferentes sectores.

No obstante, ocurrió lo contrario, ya que con el acuerdo entre Estados Unidos, Canadá y México, los productos hechos dentro del país se encarecieron debido a los impuestos especiales que contaban los productos importados, por lo cual el diseño mexicano tuvo un declive y marcas icónicas de la época (PANAM, Aca Joe, etc.)  empezaron a pasar a la historia, se cerraron muchas maquilas y el ingreso de productos muchísimo más baratos provenientes de Asia, tuvo un impacto demasiado negativo para la industria nacional, ya que estos eran mucho más accesibles y consumidos que lo hecho en México. A todo esto, una siguiente pregunta después de esta información sería, ¿actualmente, cuántas prendas de tu closet están hechas en México? 

Interiores del libro Hecha en México
Fotografía: Hg Estudio

Ahora bien, aquí hay un punto interesante del libro el cual el lector puede reflexionar: la moda ante todo no es un hecho aislado ni superficial. Tiene un contexto y es uno de los reflejos más transparentes de nuestra sociedad. Así como también la ropa que usamos a diario, nos puede dar mucha información acerca de cómo se encuentra la industria de la moda en nuestro país. 

Muchas veces al mencionar la palabra “moda” únicamente se piensa en ropa y tendencias pero la moda siempre se puede ubicar en la historia, en lo social, lo político y, por supuesto, en lo cultural. En palabras de Herranz y Plazón: “la moda siempre ha sido un reporte del clima sociológico de su época” (26).

Así las cosas,podemos indagar un poco más en un fenómeno que a nivel global es más que conocido, pero que en México aún está cobrando fuerza: las Fashion Weeks. En sus inicios, en la Ciudad de México siguieron diferentes direcciones de las semanas de la moda e incluso tuvieron distintos nombres y formas de presentarse. A partir de 2012 cobró un auge importante y se implantó como un antecedente de que en México también se hace moda y hay mucho talento por descubrir. 

A propósito de esto, dentro del libro encontramos un recuento interesante y muy puntual de quienes fueron los encargados de gestionar y hacer realidad el proyecto las semanas de la moda, sus distintas localidades y su evolución hasta hoy. ¿Sabías que se contaba con una plataforma digital, la cual te permitía conocer más acerca de los diseñadores mexicanos y sus propuestas creativas? Esta iniciativa fue impulsada por la analista y periodista de moda Anna Fusoni y el director de mercadotecnia de Google México, Miguel Alva.

Este espacio digital se llamó Google + Fashion y aunque su duración fue de 2013 a 2015, contó durante sus primeras ediciones con alrededor de 2 millones de espectadores digitales, así como también permitió sentar las bases del gran aliado que puede ser la tecnología para la industria de la moda mexicana, ya que a partir de esta iniciativa, diferentes marcas nacionales como Malafacha, Inés y Sandra Weil, entre otros, tuvieron un alcance mucho más amplio en comparación al formato tradicional de únicamente un desfile presencial, que se conocía hasta ese momento. 

En este punto del libro, ya se siente uno con más conocimiento en moda. Por supuesto, esto solo es el comienzo de un viaje al conocimiento, ya que desde el inicio hasta el fin, se puede sentir el impulso de los autores para que sigamos investigando, preguntando y cuestionando. Más adelante nos adentramos en otros dos ámbitos muy importantes en la moda: los nuevos formatos de consumo y las personas que están detrás de toda esta industria en México. 

En relación con los formatos de consumo, se agradecen las referencias de dónde encontrar moda mexicana, incluyendo diseñadores y nuevas expresiones como bazares, showrooms, concept stores y boutiques. Además, se hace un reconocimiento a quienes se han abanderado de la moda en México: modelos, estilistas, diseñadores, fotógrafos y demás personas que le han dado un nuevo giro a las piezas nacionales. Podemos entender a esta comunidad que rodea la moda, como el contexto que la acompaña y le da sentido de existencia. 

Como lo explica Olivia Meza de la Orta, editora, periodista y académica de moda, en su contribución a este libro a través de una reflexión sobre el contexto que rodea las prendas que utilizamos todos los días: “El valor que le damos a nuestras piezas, ya sea como prendas o como medios de expresión, podría ser más enriquecedor si se conoce lo que hay detrás de esa creación” (160).

De lo global a lo nacional_ Raquel Seoane
Interior del libro Hecha en México

Estas palabras nos dan oportunidad de reflexionar sobre el contexto actual del diseño mexicano, pero también abren la pregunta de, ¿qué sigue para la moda en México? Así, surgen otras interrogantes relacionadas: ¿será que la falta de apoyo de instituciones gubernamentales es poco favorable para la moda en México? O, ¿será que en el futuro va a ver un ambiente más difícil con el consumo cada vez más constante e importante del fast fashion?

Aún no hay respuestas a estas preguntas y los autores lo saben. Al final del día (y del libro), todo es una especulación hacia el futuro. Pero tampoco podemos dejarnos llevar por el peor escenario; como dice el proverbio: “la esperanza muere al último”. Y de acuerdo con lo que se presenta en este libro, es posible que la moda en México pueda evolucionar para ser mejor, para llegar más lejos y posicionarse como un referente en el mundo. Para lograrlo, todas las personas interesadas en la moda nacional son piezas clave. Tal vez por eso es que Herranz y Palazón proponen que “Construir la cultura de la moda es la meta” (206).

Vale la pena insistir en que este libro nació de la comunidad, de un esfuerzo colectivo. A modo de guía o como una reseña histórica, nos ayuda a iniciar y conocer más de la industria de la moda en México. Este libro propone y a la vez invita. No es un resumen de los acontecimientos, sino más bien es una explicación ligera y comprensible para todo público de dónde estábamos hace 20 años y dónde podríamos estar en un tiempo futuro. No necesitamos ser conocedores de la moda para entender el libro ni sentirnos inspirados por la historia que cuenta.

Lo más importante que se resalta en estás páginas, es el valor y el optimismo que se ha tenido para levantar la mano de diferentes personas, expertos y apasionados de lo nacional para resaltar que la moda también está hecha en México y cada uno de nosotros podemos contribuir a dejarla plasmada en la historia.

Prado Gustavo, Mextilo, memoria de la moda mexicana (México: Trendo), 2017. 

Lurie Alison, El lenguaje de la moda. Una interpretación de las formas de vestir (México: Paidos México), 2013.

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