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Exposición «Puntadas que unen recuerdos»

La exposición Puntadas que unen recuerdos fue inaugurada el 20 de enero del 2017 y estuvo abierta hasta el 26 de febrero del mismo año. Fue la primera en su tipo en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, México. Se basaba en el “Libro Collage Costura Doméstica” de Paulina Videgaray y narraba la importancia de la costura doméstica como medio de ahorro y subsistencia en los hogares tapatíos entre 1860 y 1960. La artista tomó como punto de referencia recuerdos de leyendas urbanas que le transmitieron oralmente su madre, abuela y tatarabuela y sus propios recuerdos de la infancia y la adolescencia. Todo esto giró en torno a la moda y tradiciones de una ciudad tan conservadora como lo era la Guadalajara de la época en cuestión.

Al ingresar a la exposición, te recibía un vestido de noche de color negro, elaborado en redecilla de tul por alguna costurera de la década de los 50s, cuyo nombre desconocemos. En el lado izquierdo, había una vitrina con ropa: pañoletas, vestidos, abrigos,  libros y accesorios que databan desde 1900 a 1960. Algunas prendas estaban colocadas en siluetas de trovicel y otras en maniquíes. En el centro, y acomodado en forma de acordeón, yacía el libro creado por Paulina Videgaray, en el que se podía leer en letra manuscrita en las primeras hojas: “Desde los 5 años, mi abuela me enseñó a bordar, mi punto favorito era el rococó”. Acompañando esta oración había un collage de vestidos de 1910, inspirados en los diseños de Paul Poiret y que sólo las damas de la alta sociedad de la época hubieran podido usar.

Entrada a la exposición Puntadas que unen recuerdos
Ingreso al salón principal de la exposición, como anfitrion se encuentra un vestido de tul mesh negro con color plata y forro de tafeta.

El libro de Paulina Videgaray narraba, entre otras cosas, algunas memorias referentes a la costura doméstica, siempre acompañadas de un collage que expresaba visualmente el paso de las décadas con recortes, pinturas, costuras y patrones. Escribe la artista: “Aún recuerdo como si fuera ayer  mis clases de economía doméstica en la secundaria, tenía 13 años en ellas me enseñaron a coser a mano y a usar la máquina de coser, además nos reforzaban la idea de que gracias a nuestro apoyo con este oficio en  el hogar se podían hacer grandes ahorros y de esta forma ayudar a nuestros esposos”. Esto refleja cómo, antes de la década de 1960, muchos hogares en México lograron mantenerse por fuera de la pobreza gracias a las habilidosas manos de costureras y modistas locales. Los conocimientos de costura se aprendían con clases de economía doméstica o se adquirían de generación en generación. Muchas de estas mujeres prestaban su servicio a la alta sociedad. Algunas otras lo ofrecían a las prostitutas de la ciudad, aunque se dice que pocas realizaban ese trabajo por considerarlo indecente.

Entre otras memorias que se leían en este libro, Paulina recuerda que su abuela le contaba las historias del “33”, un célebre personaje alrededor del cual se generó una leyenda un tanto romántica por el contrabando de textiles europeos que realizaba. Se dice que era un señor de la alta sociedad y que su idea de negocio se le ocurrió en un viaje a París en 1940. Él se hospedaba en la habitación 33 del  “hotel Guadalajara”, en donde recibía todo un desfile de señoras perfumadas y bien vestidas. En palabras de la artista: “Mi abuela me contó que cuando ingresaba a esa habitación, se trasladaba a todo un mundo desconocido con las nuevas tendencias europeas, y salía de esa habitación con los textiles más finos traídos desde Europa”. Podríamos decir que este señor era como un “Marco Polo” mexicano, derivado del proteccionismo de la industria textil mexicana. Se cree que esta industria inició en 1884 con Porfirio Diaz. Y hasta 1970, no se permitía la importación y comercialización de textiles europeos en el país, a excepción de las importaciones de licencias otorgadas por las grandes firmas europeas como Dior.

Libro “Costura Doméstica” de Paulina Videgaray
Libro “Costura Doméstica” de Paulina Videgaray en donde plasmó sus recuerdos referente a la costura domestica.

El recorrido seguía con más recuerdos de la infancia de Paulina Videgaray y algunos otros transmitidos por su madre, abuela y tatarabuela, llegando hasta finales de los 60. En este momento, la artista plasma su emoción por haber creado ella misma un abrigo para su sobrino: narra cómo cortó un pedazo de un abrigo de cachemir de su padre para convertirlo en un abrigo que calentaría a su pequeño sobrino en los inviernos tapatíos. Este abrigo sigue intacto en la actualidad y fue presentado en la exposición, como representación de la actividad de tomar fragmentos de prendas de vestir para transformarlos en ropa para niños y otros miembros de las familias. Según narraba la curaduría de la exposición, esta práctica era común en los hogares de clase media y media-baja en la Guadalajara de la época.

Al lado izquierdo de la exposición se podían admirar algunas revistas españolas, como “La Moda Elegante”, de 1910, con las últimas tendencias de la moda europea de la época. No podía faltar un ejemplar de 1940 de la revista mexicana “Paquita de jueves”, que acompañó por muchas décadas a los hogares mexicanos, ofreciendo recetas, patrones y puntadas a las amas de casa. También se encontraban algunos manuales de la empresa Hilos Cadena de 1950, llamados “A Coser Jovenes”, que  invitaban a crear nuevos diseños de ropa en pocas horas.

Manuales hilos cadena de 1950 “A Coser Jóvenes”
Manuales hilos cadena de 1950 “A Coser Jóvenes”

Finalmente, se encontraban algunas piezas de ropa de 1900: un corpiño con encaje de algodón y popelina de algodón hecho a mano, embellecido con  bordado de lo más exquisito con las iniciales MG y motivos florales.

Corpiño de 1900 elaborado a mano
Vitrina donde se muestra un corpiño de 1900 elaborado a mano y revistas “La Moda Elegante” de la misma época.

Los llamados “Los locos años 20” eran representados por un vestido de día del estilo “flapper”. Este estilo, que tanto se asocia con la década de 1920, consistía en vestidos tubulares con la cintura baja (a la altura de las caderas), y por lo general de largos solamente hasta las rodillas.

El ejemplar que se presentaba en la exposición había sido creado con un estampado floral, largo hasta la pantorrilla, con las mangas largas y sin la cintura marcada.

En la vitrina de los años 40 se observaba una colorida pañoleta de motivos florales en seda, con terminado tipo “roulotté francés” y una blusa gris de manga larga bordada con la técnica de “entresacado”.

En el siguiente maniquí se podía ver un vestido largo de 1930, de color amarillo, con manga corta bombacha, broches laterales, largo recto hasta el suelo y una serie de moños al frente.

Vestido de nylon, 1930
Vestido de 1930 elaborado en nylon
940 medias de nylon, pañoleta de seda y blusa con bordado entresacado
En esta vitrina se muestran medias de nylon de 1940 las cuales eran traídas por damas que viajaban continuamente al “gringo”, una pañoleta de seda de la misma época terminado tipo “roulotte francés” y blusa con bordado “entresacado” elaborado a mano.

La década de 1960 fue la más prominente, con varias piezas en la exposición: un uniforme escolar de peto elaborado en sarga verde, un abrigo de lana cruda, un vestido corto de cintura recta y pinza lateral, elaborado en terciopelo y bordado con perlas de fantasía. Además, se presentaba un tipo de vestido, llamado “ joya” en la época, que consistía en un conjunto de maternidad para fiesta, elaborado en guipur y tafetán. Éste fue, sin duda, una de las piezas más raras e interesantes en la exposición.

Todos estos modelos fueron  creados por costureras locales. La selección pertenecía a una coleccionista de la ciudad conocida como “Green Hat Vintage”. Visualmente fue muy interesante  ver cómo la costura doméstica a su manera interpretaba los diseños creados por las grandes firmas europeas. Además, se observaba cómo en Guadalajara las personas en esa época preferían vestir tipo “europeo”, de forma “recatada y con decoro”, utilizando siempre mangas, sin escotes de ningún tipo y faldas debajo de la rodilla. En este contexto, la indumentaria tradicional no era símbolo del buen vestir.

Libro Pattern Mccalls y conjunto de maternidad de 1960
Pattern Mccalls de “falda caniche” al centro libro de 1960 del sistema CYC y Conjunto de maternidad de 1960 en guipur elaborado a mano.

Complementando la exposición del lado derecho de la sala, se encontraba una línea del tiempo interactiva, en donde se podían leer algunos de los datos más importantes y representativos de la historia de la moda en el mundo desde 1860 hasta 1960. En las mesas ubicadas debajo de esta línea del tiempo, se encontraban objetos para tocar y probarse, incluyendo una reproducción de un polisón de 1870, una peluca con el look de Vidal Saasoon. Aquí también se podía leer una copia del manual de urbanidad de Carreño, que era como una biblia del comportamiento y las buenas costumbres de una persona de bien en la Guadalajara tradicionalista (y muchos otros lugares de Hispanoamérica en la época).

Manual de Carreño
Manual de Carreño

Sin duda alguna, “Puntadas que unen recuerdos” fue una exposición muy entretenida, en la que se reflexionaba sobre cómo la moda se vive lejos de las pasarelas y el lujo. La exposición mostraba cómo las personas por naturaleza imitamos la forma de vestir de los grupos de personas a quienes admiramos y aspiramos a pertenecer. Pero no se imita simplemente, sino que se adapta a nuestras posibilidades económicas, eso se transforma con el tiempo en parte de la cultura en una sociedad. 

Pero la contribución más importante de esta exposición fue que logró rendir un homenaje a la costura doméstica que se transmite de generación en generación como un lenguaje de amor a los recuerdos que se reviven a través de los objetos atesorados, la ropa y las enseñanzas que resultan de estos procesos.

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