Perfiles y entrevistas,  Talento Latino

Juan Pablo Socarrás

¿Cuántos hemos viajado por Colombia? Pero viajado de verdad. ¿Cuántos hemos visto las esquinas mas recónditas del país? ¿Cuántos hemos conocido a todas las personas diversas que habitan en el mismo territorio? Yo personalmente conozco muy poco, pero mi primo el diseñador Juan Pablo Socarras conoce casi toda Colombia. Y no sólo la Colombia de postal, sino el país lleno de violencia, de problemas, pero sobretodo, lleno de historias. Juan Pablo no sólo conoce a grupos indígenas, a víctimas de la violencia, a comunidades afro y a otras comunidades vulnerables de Colombia; Juan Pablo ha convertido en el ADN de su marca el co-crear con ellos. El diseñador ha decidido compartir el escenario y contar estas historias a través del hilo, a sanar heridas creado artesanías y a poner en primera plana lo que significa tener un producto colombiano de verdad. Socarrás es su marca, en la que ha trabajado y metido todos los genes de su familia pero también los de Colombia. Son los lazos que nos unen y la necesidad de colaborar de verdad entre nosotros. En esta entrevista Juan Pablo nos cuenta sobre la importancia de la co-creación, de la labor social y de encontrar una voz propia en un mercado lleno de réplicas.

Fotografía cortesía de Juan Pablo Socarrás.

¿Cómo empezaste con la moda? ¿Cuáles han sido tus mayores influencias? ¿Has tenido algún mentor?

Yo siempre quise estudiar moda y nunca fui capaz de decir en mi casa que quería hacerlo. A los 18 tomé la decisión de ser feliz y le dije a mis papás que quería estudiar diseño industrial y eso fue una catástrofe en mi casa. Pero insistí. Después de un tiempo empecé a estudiar diseño de modas por la noche y continué con mi carrera de diseño industrial en el día. Esto me cambió la cabeza para pensar en crear conceptos, en diseñar espacios, en pensar en el diseño en una manera global. Mis primeros referentes fueron mi familia. La gente cree que en el Caribe la gente se viste mal y no estoy de acuerdo. Para mí la moda caribe es completamente alucinante. Tienen tantos lugares en la cabeza y muchas referencias y colores. Mi referente masculino es mi papá, que hasta el fin de semana se pone corbata; la sastrería viene de él. Mi mamá, mis tías, y toda la familia me han formado con sus historias, su forma de ser. Hablando de influencias más internacionales, Tom Ford me encanta como icono de la moda y por su estilo personal: siempre se ve elegante. Al final tuve muchos profesores y personas especiales pero mentores no tengo. Mi mayor mentor fue trabajar en Artesanías de Colombia, en donde tuve la oportunidad de conocer tantos lugares y tantas personas alrededor de Colombia quienes han formado mi visión del mundo.

¿Cuál/cuándo fue tu primera colección? ¿Qué es lo que más recuerdas de ella? ¿Cuál fue el mayor reto? ¿Y lo más gratificante?

Mi primera colección importante la hice cuando era muy joven, a los 27/28 años. Mi reto era diseñar 51 salidas, que era lo que me exigía el círculo de la moda. Cualquiera que haya hecho una colección sabe que sólo una casa como Chanel puede sacar tantas salidas y yo tenía que abordar este reto solo. La colección fue hecha con muchos artesanos de Colombia. Salir a dar las gracias con ellos fue muy gratificante y ahí descubrí mi ADN y lo que me hace vibrar todos los días.

Tu proceso de diseño tiene un enfoque especial en el aspecto social y el potencial que tiene la moda para afectar a comunidades más grandes. ¿Cómo empezaste con estos proyectos sociales y por qué?

Empecé trabajando en Artesanías de Colombia como diseñador junior y ahí fui conociendo cada rincón de Colombia. Conozco el 90% del país. Conocí a indígenas y artesanos, me fui enamorando de las artesanías y fui conociendo el ADN del país. Cuando me retiré de Artesanías de Colombia, monté mi propia fundación y mi marca y trabajo con poblaciones vulnerables como los reinsertados, víctimas de la violencia, reasentamientos, población carcelaria y extrema pobreza. Mi meta es volver a todos los que están invisibilizados visibles y así construyo realmente lo que me llama a levantarme y crear: contar estas historias a través de la costura.

¿Qué opinas del ritmo del calendario de la moda? ¿Cuántas colecciones haces tú al año? ¿Sería sensato promover una velocidad más lenta para el mundo de la moda?

Yo personalmente no hago tantas colecciones. Prefiero hacer mini cápsulas. Yo creo que Colombia no tiene tan marcados los calendarios internacionales. En Colombia hay un poco más de resort, del Caribe, del viaje, del trópico, con un pequeño otoño/invierno. Yo hago 2, máximo 3, colecciones al año. Siempre prefiero hacer una buena colección al año que 500 mal hechas. Creo que sí sería importante bajar el ritmo y dejar de hacer tantas semanas de la moda y volver a como era antes, cuando hacíamos dos al año y siempre dependiendo de cada marca y de cada sensibilidad del consumidor.

Fotografía cortesía de Socarrás.

¿Qué piensas sobre la apropiación cultural? ¿Cómo podemos diferenciar entre la inspiración y la apropiación? ¿Cuál es la importancia de trabajar directamente con las comunidades en este proceso?

Cuando los diseñadores aprendamos a oír a la comunidad, a escucharla de verdad, vamos a entender que es diferente inspirarse en ellos, trabajar con ellos y tener un proceso de co-creción. La apropiación es decir: «yo quiero este producto y ahora es mío». Yo creo que lo sensato es colaborar, ya que somos un equipo de trabajo. Yo aprendo de sus técnicas, por qué el producto está hecho de una forma específica. ¿Por qué el color? ¿Por qué la forma de coser? Y así se tiene una mejor comunicación con ellos. Por ejemplo, en la comunidad Wayuu, las mujeres tejen de forma circular porque «Waleker», la araña sagrada, les enseñó a coser de esa forma. Yo no les puedo pedir que cosan plano.

¿Cómo ves a la moda de Colombia y Latinoamérica en el escenario internacional?

La moda colombiana ha venido creciendo pero yo creo que tiene que buscar su propia identidad. No puede ser únicamente el «Tropical Chic». Esta idea que han usado varios diseñadores ha sido exitosa porque es como una brisa tropical colombiana que llegó al mundo. Pero cada diseñador, especialmente los nuevos, tiene que buscar su identidad propia y no sólo adaptarse a la visión internacional de lo que es Colombia y el Caribe y poner una palmera. En Colombia hay 500 mil historias por contar y hay que buscar el camino propio y ojalá contar todas estas historias.

¿Cuál es la lección más importante que has aprendido en tu trayectoria?

La lección mas importante que he aprendido es no compararme con ninguno. No vivo en el afán de si Karl Lagerfeld hacía 250 vestidos al día, que si otro diseñador hace algo más, entonces yo tengo que hacerlo. Tengo que adaptarme a mi marca y a mi estilo de vida, buscando mi forma de construir marca y propia empresa.

¿Qué consejo le darías a alguien que está empezando en el mundo de la moda?

Primero, hay que tener disciplina. Segundo, hay que estudiar todo el tiempo y tercero hay que especializarse. No puedes ser el que hace un día ropa interior, el otro día hace vestidos de noche, novias, todo. Tienes que buscar tu propio ADN y tu propia marca. Hay que buscar lo que te apasione y que al final el producto se venda. Hay que encontrar un mercado objetivo y hacer cosas lindas que impacten y sean sostenibles y viables para el planeta.

Fotografía cortesía de Socarrás

¿De qué sirve la historia para diseñar hoy en día? ¿Cómo se puede transformar el conocimiento de la historia en inspiración creativa para la moda?

Sirve primero para no cometer errores y segundo para reinventarte, para tener referentes, para inspirarte. La historia te emociona. El año pasado hice un desfile en mi casa a puerta cerrada y entendí porque Chanel hacía eso en su tiempo. Entendí porque tener un showroom privado es importante para que la gente tenga la experiencia «Socarrás». La historia hace que entiendas por qué ciertas cosas se hacen de cierta manera. Para mí fue esencial estudiar para entender la importancia de cómo hago las cosas.

En un mundo tan globalizado como el nuestro, ¿por qué es importante apoyar la producción artesanal y el diseño local?

Yo siento que es mejor cuando uno trabaja con productos que tienen historia, que tienen cargas culturales. Cuando sólo tienes una inspiración internacional, te falta la historia. Tienes que empezar con lo local para crear lo internacional. Mis clientes quieren verse especiales con un producto especial y único. Cuando uno cuenta una historia eso hace que sea mucho más emocionante para el cliente, mucho más vibrante, porque hay una carga detrás del objeto. Yo no vendo productos; vendo historias hechas a mano.

¿Cómo crees que va a cambiar el escenario de la moda con el Covid-19?

Siento que esto va a concientizar al consumidor que va a querer saber quién hizo su producto y por qué lo hizo. La moda va a tener una crisis en la que vamos a  querer protegernos con nuestros productos. Hay que ser conscientes de que la moda existe y existirá. La moda no va a desaparecer mientras haya humanos que tengan la necesidad de vestirse. Las grandes marcas han sufrido estas crisis, Coco Chanel nació de la guerra, la gabardina Burberry nació de la guerra. Al final es cómo nos adaptamos a esto y la necesidad será protegerse y estar cómodos. Finalmente es crear ropa que se reinvente.

Camila Abisambra nació y creció en Colombia. Estudió derecho pero siempre soñaba con cambiar de carrera apenas se graduara. De ahí se mudó a Estados Unidos, en donde trabajó en algunas publicaciones digitales e hizo su maestría en "Estudios de Moda" Parsons. Hoy vive en París y trabaja en la creación de imágenes de moda para editoriales y campañas. Anteriormente, fue la coordinadora de moda y editorial para "Think Twice", una revista de eco-sostenibilidad. Una ferviente creyente que la moda permea absolutamente todo lo que hacemos y que se ha desvalorado por ser considerado un interés feminizado, Camila espera continuar su investigación sobre la moda, la cultura y el trabajo cultural que se ejerce en esta industria.

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