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¿La Asia soñada de Yves Saint Laurent?

Hace un par de meses abrió en París la nueva exposición del Museo de Yves Saint Laurent (expuesta del 2 de octubre de 2018 al 27 de enero de 2019), en honor a la inspiración asiática del diseñador francés, quien siempre estuvo fascinado por el encanto que percibía en el lejano continente. Fue una exposición difícil de lograr, sobretodo teniendo en cuenta la delicadeza del tema y la indelicadeza que siempre mantuvo el diseñador frente a él. Por ejemplo, cuando lanzó la fragancia ‘Opium’ en 1977, se enfrentó al gran descontento de la comunidad china en Estados Unidos, que armó una protesta en contra del perfume por la falta de sensibilidad que demostraba ante la historia de su país. La exposición hace referencia directa a este incidente con un aire de gracia, pues le dio a la casa de Yves Saint Laurent “publicidad gratis por años”, como lo expresó alguna vez el equipo encargado del lanzamiento del perfume.

Vista de la exposición, «L’Asie revée d’Yves Saint Laurent» (La Asia soñada de Yves Saint Laurent), en el Museo de Yves Saint Laurent de París. Foto cortesía del museo.

El museo se encuentra en el prestigioso Quartier 16 de París en la antigua casa de Alta Costura del diseñador. La curadora, Aurélie Samuel, tuvo el cuidado de separar las inspiraciones del diseñador por país, identificando qué piezas y trajes correspondían a qué país: la exposición estaba dividida en secciones distintas para Japón, China e India. Fue un trabajo grandísimo, pues las distintas influencias habían estado originalmente mezcladas en las colecciones del diseñador, quien siempre parecía interpretar Asia como un concepto unificado. La percepción de Asia como un concepto unificado que se evidencia en los diseños de Saint Laurent corresponde con lo que Edward Said identificó como “Orientalismo”: se trata de una idea imaginaria del “Oriente” que se percibe como un “otro” exótico desde la cultura occidental.

La  exposición comienza con China y muestra las inspiraciones imperiales, los colores y los cortes que llamaron la atención del diseñador. Se encuentran también todos los boletos del perfume “Opium”, dejando clara la mezcla de culturas que manejaba Yves Saint Laurent: el perfume tiene un nombre inspirado en China pero el diseño de la botella está inspirado en las botellas “Inro” de los Samurais japoneses, es decir, en las pequeñas cajas de madera que ellos usaban para guardar sus medicinas. El segundo cuarto trata el tema de Japón y allí predominan las piezas inspiradas en los tradicionales kimonos, expuestas en un espacio que contiene algunas referencias a los jardines de cerezos. Finalmente, se llega al último cuarto, sobre la India, un país al que nunca viajo Saint Laurent. Se ven las piezas inspiradas en los reconocidos saris de este país.

El museo  tenía ante sí un reto enorme frente al tema tan problemático al que se enfrentaba con esta exposición. La mezcla de culturas en un concepto de “orientalismo” exótico no abarca los detalles de las diferencias culturales entre países con culturas tan distintas como lo son China, Japón e India. Para mí, esto presenta un claro problema de curaduría. La exposición parte de una buena premisa al intentar separar las piezas de acuerdo con la cultura a la que corresponden pero se se equivoca al tomar un tono colonialista e arrogante ante estas culturas. Con frases como “Saint Laurent refinó el Sari”, se hace evidente la permanencia del problema creado por la falta de entendimiento inter-cultural.

No es nueva la discusión sobre la apropiación cultural. Los curadores contemporáneos tienen la responsabilidad de tener en cuenta cómo se sentirían las distintas culturas del mundo al ver las formas en que se representan sus culturas. Con una inspiración basada tan exclusivamente en la obra de un solo diseñador, eventualmente será necesario hablar al respecto de las limitaciones en la percepción de distintas culturas y traerla al centro del debate. Si bien es cierto que la sensibilidad ante el tema cultural ha tomado mas fuerza en años recientes, no puede ignorarse que hubo grupos que se opusieron a las creaciones de Saint Laurent, como la comunidad china-americana.

Pero pecar de la misma manera en que lo hizo Yves Saint Laurent al tomar inspiración en una cultura pero con la arrogancia de pensar que hecho en Francia es mejor o más refinado, se pierde el objetivo de tener una conversación entre culturas. El mismo tono lo tomó el equipo de Saint Laurent al descartar las protestas de la comunidad china-americana en Estados Unidos como una mera fortuna publicitaria. Saint Laurent se apropió de una parte de la historia de China bastante dolorosa, la mezcló con inspiración japonesa y nunca entendió por qué las personas podrían ofenderse.

Falta mucho por comprender para poder hablar de los capítulos complicados de las obras de los artistas que, sin duda, han tenido resultados estéticamente agradables pero que tratan temas delicados sobre la cultura y la sociedad. Ciertamente, la curaduría de esta exposición no intentó cuestionar las prácticas de Saint Laurent; se limitó solamente a hacerle honor. Esto es un gran error porque a los diseñadores, por muy talentosos que sean, se les debe exigir respeto hacia las otras culturas. Vale la pena aclarar, sin embargo, que el limitarse a exaltar sin cuestionar la obra de Saint Laurent puede ser el resultado de que el museo siga estando ligado con la casa que el fundó. 

Vista de la exposición, «L’Asie revée d’Yves Saint Laurent» (La Asia soñada de Yves Saint Laurent), en el Museo de Yves Saint Laurent de París. Foto cortesía del museo.

Lo más importante, sin embargo, es la responsabilidad que tenemos como audiencia de entender que las generalizaciones—como las de Saint Laurent—y las apropiaciones culturales de aspectos dolorosos de la historia de un país, son extremadamente dañinas. Como humanos, somos nosotros los guardianes de nuestras culturas, particularmente en los países que alguna vez fueron colonizados. Depende de nosotros guardar las diferencias y las sutilezas que nos distinguen, para evitar las generalizaciones de nuestras culturas ante los ojos de aquellos que alguna vez nos colonizaron. 

No es una excusa ser el genio de Saint Laurent. No es una excusa ser el curador de su Museo. Debemos aprender a tener una actitud más crítica a la hora de estudiar la historia de diseñadores como Yves Saint Laurent y de la moda en general. Debemos aprender, además, a no ignorar la riqueza cultural que tiene cada país asiático para, así, evitar la idea del oriente exótico. 

*La exposición L’Asie revée d’Yves Saint Laurent (La Asia soñada de Yves Saint Laurent) está expuesta en el Museo de Yves Saint Laurent de París del 2 de octubre de 2018 al 27 de enero de 2019.

Camila Abisambra nació y creció en Colombia. Estudió derecho pero siempre soñaba con cambiar de carrera apenas se graduara. De ahí se mudó a Estados Unidos, en donde trabajó en algunas publicaciones digitales e hizo su maestría en "Estudios de Moda" Parsons. Hoy vive en París y trabaja en la creación de imágenes de moda para editoriales y campañas. Anteriormente, fue la coordinadora de moda y editorial para "Think Twice", una revista de eco-sostenibilidad. Una ferviente creyente que la moda permea absolutamente todo lo que hacemos y que se ha desvalorado por ser considerado un interés feminizado, Camila espera continuar su investigación sobre la moda, la cultura y el trabajo cultural que se ejerce en esta industria.

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