Entrada del ensayo Qué le hace falta a la industria de la moda latinoamericana
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¿Qué le hace falta a la industria de la moda latinoamericana?

Parece que la industria de la moda latinoamericana tiene todo para triunfar. Vemos nuevos diseñadores y marcas salir todos los días y a pesar de eso, algo parece seguir haciendo falta para que estos logren sostenerse. Podemos pensar que los cimientos donde están parados ya los tenemos: Industrias manufactureras y hasta iniciativas mediáticas. Pero está haciendo falta considerar un factor primordial no siempre tomado en cuenta: el valor figurativo que la moda no solo porta, sino que necesita.

La moda es un concepto a veces tan tangible y a veces tan abstracto. Como objeto de estudio es sumamente joven, especialmente si la comparamos a otras disciplinas, y, sin embargo, ya ha sido analizada desde todas las perspectivas pensadas. En el aspecto histórico y material es en donde probablemente más se ha avanzado: académicos provenientes de diversos contextos han logrado rastrear sus orígenes desde la prehistoria, pasando por los primeros folclorismos y llegando a épocas modernas con suma precisión y detalle. En términos financieros, también es bien sabido que su industria es una de las más importantes a nivel global, con un valor estimado de 3 trillones de dólares (Fashion United, 2021).

Desde una perspectiva filosófica, sin embargo, los académicos coinciden en que, hasta ahora, la falta de reflexión sobre la moda ha sido notoria. Según el francés Gilles Lipovetsky (2002), la moda es vista como frívola, voluble y superficial y, por lo tanto, no es tomada en serio por una gran parte de la sociedad. Esto ha ido cambiando, primero a través de autores que comenzaron a estudiar la moda a través de prismas multidisciplinarios y después con el desarrollo de los llamados “Fashion Studies” (estudios de moda); pero además, no es siempre el caso. Hay culturas en las que la moda lleva siglos siendo considerada como un aspecto sumamente relevante de la sociedad, con valores estéticos, políticos y colectivos. Por ejemplo tenemos el caso de Francia, un país con una de las tradiciones más antiguas y aun tangibles de Europa en cuanto a la atención – personal, social y política – hacia la vestimenta y su industria, remontándose desde la época de la baja edad media y pudiendo ser considerada una excepción en comparación con casos como el de Latinoamérica, en donde la industria de la moda moderna es más bien una producción reciente y en muchos sentidos, aún nueva. La historiadora de la moda Kimberly Chrisman-Campbell (2015) explica sobre la industria francesa que

"en Francia [la moda] no es frívola o trivial, sino una industria totalmente seria, inseparable de la salud económica del país e identidad nacional" (traducción de la autora)

El por qué esto es visto de esta forma por los franceses se lo podemos atribuir a muchas cosas, Stankevičiūtė (2021) propone que puede deberse al legado que dejó el Rey Luis XIV (1643-1715). El pueblo francés vivió muchos años bajo el mandato de un rey que no solo conocía el poder de la ropa, sino que también lo explotaba constantemente, ejemplo de ello es el acceso que se le daba a cualquiera que estuviera “bien vestido” para entrar a los jardines de Versalles. Sarah Barringer, historiadora y profesora, dice

“Luis [XIV] eligió la moda para expresar su poder tanto a sus nobles como al resto del mundo. (...) Aunque la moda no fue responsable del poder de Francia, hizo que el país pareciera poderoso, a través de la magnificencia de la corte francesa.” (Barringer, 2014) (traducción de la autora)

modelo en contexto

Podemos decir que los franceses reconocieron la importancia de la ropa antes que nadie: contemplaron su poder y lo tradujeron en una identidad. Conocer estas partes de la historia sin duda nos ayuda a entender algunos de los motivos por los cuales hoy algunos países siguen siendo potencias en la industria de la moda. Claro que la historia es mucho más larga y además hay otros factores económicos, políticos y sociales involucrados en el proceso, pero cierto es que tanto Francia como Italia, Inglaterra y más recientemente Estados Unidos, poseen una atmósfera omnipresente que influencia, tanto a sus habitantes como al resto del mundo, a valorar las ideas y objetos que se originan ahí.

Todos los ejemplos anteriores pueden ser pensados como marcas que en el pasado fueron construidas gracias a una historia de políticas e industrias, pero que hoy se siguen manteniendo gracias a un imaginario de elementos simbólicos que hacen que sigamos asociando elegancia con Francia, calidad con Italia, subversión con Inglaterra y originalidad con Estados Unidos. Las ideas de cómo y por qué valoramos la moda siguen siendo derivadas del pasado, a pesar de que hoy los sistemas de la moda operan de una manera completamente distinta. (Crane, 2000)

Lo que sucede es que la industria material parece ser una cosa, pero las construcciones sociales y los mitos que se han creado con el tiempo, son otra muy distinta, a pesar de que ambos estén intrínsecamente vinculados. Que una zona geográfica sea reconocida y valorada a través de la moda que produce no depende solo de sus diseñadores, de sus marcas o de sus procesos industriales, sino que también requiere de la participación de muchos otros actores a nivel local, nacional e internacional.

En Latinoamérica se han venido construyendo desde hace ya varias décadas esfuerzos grandes para fortalecer la industria de la moda local. Hoy se cuenta con sistemas productivos y clústers industriales y creativos en países como Colombia, México y Brasil. La actual red manufacturera de cuero-calzado mexicana o aquella de textil-confección colombiana son ejemplos concretos. Los sectores económicos y hasta políticos de las naciones latinoamericanas finalmente han entendido lo importante que es contar con una industria textil y del vestir sana y fuerte para la potencialización de sus naciones. Por otro lado, gracias a un fortalecimiento de la academia y otros factores educativos y culturales, también en los sectores creativos se ha visto un crecimiento innegable. Recordemos que hace poco menos de 40 años aún no existían en Latinoamérica instituciones formales para los estudios de moda, mucho menos a nivel licenciatura. Hoy contamos con Universidades que imparten moda desde Argentina hasta Panamá, con representantes como la Universidad Jannette Klein (México) en el listado de las 100 mejores universidades de moda del mundo. (Ireland, 2021)

Una variedad de diseñadores latinoamericanos hoy son reconocidos internacionalmente gracias a sus innovadoras ideas y su carácter auténtico. Podemos hablar de la diseñadora colombiana Johanna Ortiz o del diseñador mexicano Victor Barragán, ejemplo de creadores latinos que en las últimas décadas han logrado construir sus marcas con una identidad propia que hoy se reconoce y se vende en todo el mundo, influenciados por una clara interpretación personal de la cultura latinoamericana. Marcas como las anteriores, provenientes de diversos puntos de Latinoamérica, hoy son vistas en pasarelas de todo el mundo y sus productos son usados por íconos internacionales. Como prueba de lo anterior tenemos el caso de proyectos como Dubai Fashion Mexico, una iniciativa sin precedentes en donde 7 diseñadores mexicanos fueron invitados a presentar sus colecciones al emirato árabe (Archetto, 2021), o si de vestir personalidades se trata, tenemos el caso de la diseñadora uruguaya Gabriela Hearst, quien en los últimos años ha vestido a mujeres de todo el mundo, desde Jill Biden, a Meghan Markle, pasando por Nicole Kidman, Demi Moore y Rania de Jordania. (Freijo, 2021)

El poder económico de la industria de la moda ya quedó claro para Latinoamérica. En el caso de México, los datos del INEGI (2018) nos dicen que del total de las actividades económicas del país, las empresas de la Industria de la moda fueron el 6.4% de las unidades económicas y emplearon a 1,099,346 personas. En Brasil, de acuerdo a datos del 2013 publicados por la Agencia Brasileña de Promoción de Exportaciones e Inversiones, la industria de la moda nacional ya correspondía al 5,7% del PIB y empleaba a 1,6 millones de personas. (Apex Brasil, 2022) Así, podemos encontrar cifras similares en otros países latinoamericanos como Colombia y Chile, reforzando esta conjetura de importancia económica del sector.

En cuanto al valor cultural e intelectual, medir el crecimiento o la trascendencia no es tan fácil como escribir unas cifras. Sin embargo, si observamos el aumento en el número de publicaciones independientes de moda en los últimos años, la cada vez mayor cantidad de centros de estudios con programas académicos en torno a la moda, y la creciente valorización de la industria en medios y foros a través de la voz de expertos como Gustavo Prado, Ana Fusoni, Tanya Meléndez y Ana Elena Mallet en México, e innumerables más en el resto de Latinoamérica, podemos pronto comprender que la profesionalización de la moda ha traído consigo un nuevo significado de valor y estima que poco a poco le ha permitido a su industria irse ganando el respeto que merece.

No es difícil entender por qué entonces la construcción de los imaginarios, no solo de la moda, pero también del arte, de la arquitectura y hasta de la gastronomía, de muchos – si no es que todos – los países latinoamericanos, es un tema reciente. Son batallas comenzadas desde apenas dos siglos, poco menos en algunos casos. Un vaivén de valorizaciones, un encuentro de mitos propios y símbolos impuestos, una lucha constante y reciente por encontrarnos, y de la mano, consolidar un imaginario que podamos compartir, querer y admirar. Que la industria de la moda florezca y se sostenga en una región, depende completa y directamente de la construcción de este imaginario.

Pero así como hemos llegado a entender que la moda es una parte esencial de la economía e intelecto de una región, también hay que entender que es intrínseca a su sociedad. La moda es una de esas cosas que fluctúan entre la expresión personal y una tendencia colectiva. Ya vimos como en otros contextos, la moda pasó de ser solo una industria especializada a convertirse en un imaginario común que nace en el seno de su sociedad, en el mito colectivo de sus individuos, en el que si bien no todos comparten interés, todos reconocen y comparten como suyo.

“La moda se realiza cuando es apropiada por los sujetos; y los sujetos construyen su yo con la incorporación, de modo parcial y fragmentario, del mundo inacabado de los objetos”. (Bietti, 2012)

Los países latinoamericanos pasaron por siglos enteros de dominación política, social y cultural que en muchos sentidos los obligaron a suprimir elementos claves de su identidad y su historia. En Mextilo (2017), Gustavo Prado explica como

“Después de la conquista se enterró todo vestigio del pasado, lo poco que sobrevivió fue la argamasa de un sincretismo cultural donde la cultura de los vencidos no se veía con valor alguno.”

A mi parecer, este es justo el escalón que nos hace falta subir en Latinoamérica. Los diseñadores ya están ahí haciendo su parte. La industria – con sus retos y dificultades – también está ahí, produciendo y peleando por un espacio. Pero si no comenzamos a construir juntos nuestros propios imaginarios – mexicanos, colombianos, brasileños o adaptados a nuestros contextos particulares – va a ser muy difícil que la agenda cambie. Tenemos que crear nuestras propias representaciones, cada quien desde su trinchera tiene la responsabilidad de contribuir a esta construcción. El sistema de la moda abarca la producción y el diseño, pero también el consumo, la comunicación y hasta el diálogo y uso cotidiano que le damos a la ropa. El valor es una cuestión abstracta que tenemos que crear tú y yo, nadie más lo hará por nosotros.

Recordemos nuestro rol individual y el papel que podemos jugar. Valoricemos, reflexionemos, cuidemos, pero sobre todo, hablemos más fuerte del diseño y de la moda latinoamericana.

Archetto, Maria Belen. 2021. 7 Diseñadores Mexicanos Harán Historia Presentando Sus Creaciones En Dubái. Vogue México.
https://www.vogue.mx/moda/articulo/dubai-fashion-mexico-disenadores-mexicanos-que-participan

Apex Brasil. 2022. Comercio – Moda.
http://www.apexbrasil.com.br/es/moda-y-estilo#:~:text=La%20moda%20brasile%C3%B1a%20es%20uno,del%20Pa%C3%ADs%20en%20el%20mundo.&text=Autosuficiente%20en%20la%20producci%C3%B3n%20de,de%20cama%2C%20mesa%20y%20ba%C3%B1o

Barringer, S. 2014. Louis XIV’s use of fashion to control the nobility and express power. Primary Source, Volume IV: Issue II.

Bietti, F. 2012. La industria cultural del vestir, hacia una fenomenología de la moda. VII Jornadas de Sociología de la UNLP. Departamento de Sociología de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, La Plata.

Chrisman-Campbell, K. 2015. The king of couture: How Louis XIV invented fashion as we know it. The Atlantic.
https://www.theatlantic.com/entertainment/archive/2015/09/the-king-of-couture/402952/

Crane, D. 2000. Fashion and its Social Agendas: Class, Gender, and Identity in Clothing. Chicago: University of Chicago Press.

Fashion United. 2021. Global Fashion Industry Statistics. Acceso el 18 de enero del 2022. Global Fashion Industry Statistics (fashionunited.com)

Freijo, Nico. 2021. Quién Es Gabriela Hearst, La Uruguaya Que Diseñó El Espectacular Abrigo De Jill Biden. Marie Claire.
https://marieclaire.perfil.com/noticias/moda/moda-gabriela-hearst-uruguaya-jill-biden-disenadora-abrigo.phtml

INEGI. 2018. Estadísticas a propósito de la Industria de la moda del vestido, el calzado y la joyería.

Ireland, Sophie. 2021. Best Fashion Schools in the World for 2021. CEOWORLD magazine.
https://ceoworld.biz/2021/03/11/best-fashion-schools-in-the-world-for-2021/

Lipovetsky, G. 2002. New French thought. The empire of fashion: dressing modern democracy. Th. Pavel & M. Lilla (Series Eds.). Princeton University Press

Prado, G. 2017. Mextilo. México. Trendo.mx

Stankevičiūtė, K. 2021. Blowing up the fashion bubble, or nine things wrong with fashion: An outsider’s comment. A critical essay on fashion as a creative industry. Department of Creative Communication, Faculty of Creative Industries, Vilnius Gediminas Technical University.
https://orcid.org/0000-0002-5697-2314

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